Sangre como flores

La vida de Federico García Lorca, poeta y dramaturgo español, ha sido materia de diversos acercamientos, uno de ellos la puesta en escena de la Asociación Cultural Teatro Racional, Sangre como flores. La pasión según García Lorca, escrita por Eduardo Adrianzén y dirigida por Alberto Ísola. Esta obra teatral se basa en los últimos años de vida de Federico García Lorca, quien muere asesinado por motivos políticos bajo la represión de Francisco Franco en 1936.

Intervienen en esta representación Franklin Dávalos, en el papel principal; Sofía Rocha representando a Vicenta, la madre de García Lorca, y eventualmente a Bernarda Alba, la viuda de luto, personaje lorquiano, que expresa en la puesta en escena la represión y atormenta al protagonista acercándolo a aquello que él más teme: el miedo mismo. André Silva cumple principalmente el rol de Emilio Aladrén, joven escultor amante de García Lorca; Mario Ballón, el de Rafael Rodríguez Rapún, amigo del poeta; intervienen también Carlos Mesta, Miguel Ángel Alvarez y Marco Otoya, este en el rol de Diáscoro Galindo; además de Alberick García, en el papel de Ramón Ruiz Alonso, falangista encargado de la operación que terminaría en el asesinato de Lorca.

El desarrollo de las acciones nos acerca al lado más íntimo del poeta, a la relación conflictiva con su madre, al fracaso amoroso y a la intolerancia de la que fue víctima por su condición de homosexual, al padecimiento y al goce, aspectos duales y presentes de modo maniqueo en la vida del poeta

Es necesario resaltar la exitosa intromisión de elementos propios de la literatura lorquiana, como la intromisión de Bernarda Alba, personaje de La casa de Bernarda Alba, como la voz detrás de Lorca, que lo atormenta y persigue, y la alusión a símbolos como los cuchillos, los gitanos, el color verde, entre otros. Si bien la pasión es base para la representación –la pasión amorosa; la pasión a la vida, a la humanidad; y la pasión como sufrimiento – asistimos a la exaltación del aspecto amoroso en la vida del español, dejando un tanto de lado el aspecto vital, de amor a la vida y al compromiso con las acciones que el dramaturgo español establecía.

El espacio escénico es simple, con pocos elementos variables; que sin embargo ambientan correctamente el contexto: la España de los años 30. El espacio del publico y el actoral están espacialmente delimitados, lo cual no impide que en algún momento actores “trasciendan” esa barrera, generando un aprovechamiento total del espacio. El espacio escénico se vincula estrechamente con la ficción escenificada, sus variaciones corresponden a los cambios de espacios ficcionales que se dan en la representación. La iluminación: es certera y móvil, crea belleza y centra la atención del espectador. Además, enfatiza los puntos álgidos de la representación.

Apreciamos un trabajo detallado a nivel de vestuario y maquillaje, pues la vestimenta corresponde con la época que se plantea representar; es importante también destacar el empleo del lenguaje, que nos sitúa en contexto. La música cumple un rol fundamental, pues acentúa las tensiones dramáticas. Los ruidos son “realistas”, en el sentido que no son lúdicos y que nos sitúan en el ambiente de violencia que circunda el espacio de García Lorca.

Si bien Sangre como flores. La pasión según García Lorca presenta algunos vacíos, estos son copados por las impecables actuaciones y el contenido netamente lorquiano presente. Recomendable, sí; con vacíos, también.

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