Un busto al cuerpo: la imagen física en cuestión

Dir. Daniel Dillon

Adaptación libre del texto de Ernesto Caballero

Como parte de las prácticas pre-profesionales de los alumnos de la Escuela Nacional de Arte Dramático, hemos tenido la oportunidad de acercarnos al trabajo actoral de estos jóvenes; anteriormente nos referimos a La comedia del arte. Esta vez, bajo la dirección de Daniel Dillon, se pone en escena Un busto al cuerpo, adaptación libre del texto del español Ernesto Caballero. Esta “libertad” en la adaptación genera algunos problemas en el montaje que mencionaremos más adelante. En la obra vemos a tres mujeres de distintas generaciones que ponen en cuestión su cuerpo y los cambios a los que este puede -o no- ser sometido. Cristina 1 (Yasmine Incháustegui) es una profesora universitaria que no logra comprender por qué su amiga íntima, Cristina 2 (Lidia Mallqui) -joven conductora de radio que pretende entrar en el mundo televisivo- ha decidido hacerse una operación de aumento del busto. Por su parte, Cristina 3, hija de Cristina 1, joven universitaria (Angie Rodríguez – Roxana Lopez) experimenta con su cuerpo, se tatúa y perfora, y piensa en hacerse una operación para reducirse el pecho. Tres mujeres que representan la femineidad de hoy y también la idea colectiva del culto al cuerpo en una sociedad que se aleja de lo tradicional y que no está anclada en ningún lugar estable.

El conflicto de la obra es la puesta en cuestión de la imagen corporal, de cuán importante es y de cuánto “estamos” dispuestos a ceder en pos de una imagen armoniosa y acorde con los estándares sociales. Si bien se trata de un texto ligero, que aborda la temática con ironía, la profundidad de lo propuesto no es irrelevante. Y tal vez ese haya sido ese el mayor problema para la representación a cargo de las alumnas de la ENSAD, quienes con actuaciones muchas veces forzadas, trastocaban esa ironía y parodia de estereotipos convirtiéndolos en ejecuciones en extremo exageradas y carentes de naturalidad; intervenciones imprecisas y en ocasiones con errores de dicción que diluían la intensidad de la puesta a través de los diálogos.

No nos termina de quedar claro el propósito de colocar a dos actrices a interpretar el rol de la hija universitaria, licencia de dirección que no se comprende de modo cabal en la puesta y que nos remite a pensar en que esta doble presencia le restó intensidad al cuestionamiento. Aciertos de la obra fueron la precisión con la que es incorporada la música, el manejo austero pero preciso de la iluminación, y el modo interesante cómo se resuelve los cambios de locaciones con la proyección de imágenes que generan espacios nuevos.

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