Entre la apariencia y la verdad: Crítica a El placer de la honestidad

“Cuando uno vive, vive y no se ve. Tú no te ves a ti mismo; te veo yo.”
-Baldwin al Marqués Fabio-

Teatro de Cámara viene presentando en la sala del Instituto Italiano de Cultura en Lima la obra del italiano Luiggi Pirandello El placer de la honestidad (Il Piacere dell’Onesta), bajo la dirección de Tatiana Espinoza y Rafael Sánchez; y con las participaciones de Joseph Alfaro (Marqués Fabio), Athenas Gonzalez  (Criada), Fernando Aguilar (Párroco – Consejero), Keyla Padilla (Agatha Renni), Jeyson Lopez (Mauricio Setti), Iván Ulloa (Baldwin) y Mayra Loaiza  (Madre de Agatha). En esta pieza se narra cómo se planea un falso matrimonio para ocultar el hijo fruto de la relación entre la señorita Agatha y el Marqués Fabio, hombre casado. Es a través de Setti que contactan a Baldwin, quien habrá de casarse con Ángela para evitar el deshonor y cuidar las apariencias; empero, no se trata de un sujeto común, sino de un hombre guiado por un férreo sentir de la moralidad y la honestidad, que termina por ejercer un poder casi dictatorial en la familia. Ante esto, y para “sacarlo del camino”, el Marqués decide deshacerse de él, lo cual desencadena el meollo de la obra; la confrontación entre ambos sujetos y más aún, la oposición entre lo correcto e incorrecto, lo moral y lo inmoral; que se enlazan en una suerte de lucha humana por seguir los instintos, cuidar las apariencias, o faltar a la verdad.

En El placer de la honestidad encontramos la constante alusión a la trivialidad de las apariencias en oposición al ser y las presiones sociales; así como la cuestión de la honradez y veracidad moral; tornándose por momentos muy tensa. La sencilla puesta de Teatro de Cámara apela a la intensidad de los diálogos y a un manejo de luces poco preciso para crear ese aura de gravidez; empero no lo logra con solidez. Vemos en escena a un Setti con algunos problemas de dicción y con una actuación poco fluida, enfrascada en lo que parece ser un simple “recitar” los diálogos. La misma traba la encontramos en la interpretación del Marqués Fabio y la del párroco. La interpretación del rol de Baldwin, que habría de ser algo solemne e imponente, no consigue ser tal, salvo por algunos momentos de intensidad extrema que Pirandello imprime en sus textos. Destacamos la precisa interpretación de Maira Loaiza, que con una actuación sólida logra trasmitir el sentir de esa madre que solo piensa y siente para y por su hija Agatha; rol ejecutado plausiblemente. No quedamos del todo satisfechos con el trabajo de caracterización, y creemos que es una deficiencia que no haya programa de mano: uno no sabe qué actor es quién ni otros datos de la puesta.

Consideramos que, pese a las fallas mencionadas, no deja de ser una puesta fluida, que logra mantener al espectador pendiente y atento de lo que está pasando; confiamos también en que esas fallas serán corregidas con la adquisión de experiencia de los jóvenes actores. Un interesante montaje que trae a Pirandello a la escena local.

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