La figura del padre ausente y el desarraigo: “Newmarket. Un suburbio muy al Norte”

Dramaturgia: Jorge Castro

Dirección: Carlos Galiano

Newmarket

El Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica, como parte de la tercera edición del Festival Otras A-Puestas, ciclo de nuevos directores pondrá en escena el trabajo de tres jóvenes directores. La primera de este ciclo es Newmarket, texto de Jorge Castro, que ganó el segundo lugar en la tercera edición del Concurso de Dramaturgia Peruana “Ponemos tu obra en escena 2010”, auspiciado por el Centro Cultural Británico. Esta vez, bajo  la certera dirección de Carlos Galiano, llega a nuestras salas este intenso montaje que se ambienta en Newmarket, pueblo al norte de Toronto, Canadá; en el que la familia protagonista se había instalado hacía años atrás.

La trama se desencadena con el retorno de Alejo (Rómulo Assereto) a la casa de Alejandro, su padre (Javier Valdés) después de quince años, pues a los veintiuno decidió regresar a Lima. Es, entonces, tres años después de la muerte de su madre que se reencuentra también con Gonzalo (Omar García) y Daniel (Fernando Luque) -sus hermanos menores-, quienes reciben con sorpresa y alegría la posibilidad de que el protagonista se quede a vivir en la ciudad ante un posible puesto de trabajo como profesor de Antropología para el que será entrevistado. Es entonces que, en la dinámica de las relaciones del día a día nos vamos dando cuenta de las tensiones entre estos personajes, a los que se suma la novia de Gonzalo, quien también formará parte de estos conflictos.

Javier Valdés, Fernando Luque y Rómulo Assereto.

Son muchos los aspectos a anotar sobre esta obra; en primera instancia, el logrado trabajo de dramaturgia: se trata de un texto muy ágil e intenso, acorde con las emociones y tensiones planteadas en el que las acciones transcurren una tras otra, todas igual de impactantes, que dejan al espectador conmovido y a la vez “tocado”. A esto se le suma el notable trabajo de dirección, pues sin una guía adecuada la intensidad del texto se hubiera perdido; lo cual nos lleva a reconocer y enfatizar en las extraordinarias interpretaciones del elenco, muy homogéneas todas; aunque sin duda el trabajo que sobresale es el ejecuta Rómulo Assereto, aquel hombre duro cuya mayor marca es el desarraigo. Destacamos también el trabajo de dicción de Fernando Luque y Lizet Chávez. Y si hay un “gran tema” en este montaje, es ese: el desarraigo, el no-lugar, el “estar sin estar”. La ambivalencia del lugar de pertenencia se plantea desde el inicio de la obra: familia peruana que vive hace años en Canadá, que tiene su vida establecida en esa fría localidad y que habla en dos idiomas a lo largo de la puesta. Cada elemento empleado refleja esta duplicidad; y creemos que en eso está la clave del logrado trabajo que apreciamos: la dureza del clima que se colige con el clima tensión de las situaciones; el personaje de Gonzalo, quien tiene actitudes muy limeñas, pero que a la vez se siente casi “dueño” de la ciudad de Newmarket; los tonos de luz que cobran significado de acuerdo con las situaciones tensas y ligeras, haciéndose fríos o cálidos de acuerdo a ellas; la oposición entre Daniel (el hermano menor) y Alejo, entre los que se plasma la diferencia generacional y una cierta incomprensión (tenemos en cuenta, por ejemplo, cómo es que el menor de los hermanos va captando todo a través del lente de su cámara fotográfica, casi externo a las situaciones de tensión.

Omar García y Lizet Chávez

Si por un lado el desarraigo es un eje importante, lo es también la figura ausente y sin conexión, del padre que marca al hijo: Alejandro nunca ha logrado comunicarse con Alejo, su relación es conflictiva y marcada por un profundo rencor por parte de este último. El motivo de este se va develando a lo largo de la obra, de ahí la intensidad y el clímax de las escenas finales, en las que el conflicto principal queda revelado, así como los demás conflictos surgidos en escena.“Newmarket” se alza, sin duda, como uno de los mejores montajes del año; con un texto dramático muy bien logrado, que sabe conjugar las tensiones y acciones hasta el punto máximo; actuaciones homogéneas, intensas y  notables; y con un excelente trabajo de dirección, que nos dejan expectantes de cuál será la próxima obra que dirigirá Galiano y cuál será el próximo texto de Jorge Castro llevado a escena. No vale perdérsela.

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