Meterse en la boca del lobo: “Caperucita (Un espectáculo feroz)”

Dramaturgia: Javier Daulte

Dirección: Adrián Galarcep

Mónica Dominguez, Attilia Boschetti, Sofía Humala y Lucho Cáceres

La segunda fecha del Festival Otras A-Puestas, ciclo de nuevos directores, organizado por el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica trae a escena “Caperucita (Un espectáculo feroz)”, del dramaturgo argentino Javier Daulte y dirigida por Adrián Galarcep. Esta obra toma como pretexto la conocida fábula de la “Caperucita” para retratar la complicada relación entre tres mujeres de generaciones distintas: Eloísa, la abuela (Attilia Boschetti); Cora, la madre (Mónica Domínguez); y Silvia, la hija – nieta (Sofía Humala).

El desarrollo de las acciones sitúa al espectador en el tiempo posterior al internamiento hospitalario de Eloísa, de quien poco a poco nos enteramos que ha sido el engranaje en la conflictiva relación madre – hija, y que mantiene el equilibrio de la casa en la que viven. La enfermedad de Eloísa ha enfatizado los conflictos y lleva a Silvia -quien ama profundamente a su abuela, aún más que a su madre- a replantearse su profesión y su situación sentimental. Así, ha decidido terminar una relación con Víctor (Lucho Cáceres), un ilusionista que se ha obsesionado con ella y decide hacer uso de las artes de su oficio para penetrar en su vida, conocerla más e incluso tomar el lugar del mayor objeto de su afecto. “Caperucita” se desarrolla en un tiempo no lineal -con regresiones al pasado que nos muestran la vida de estas mujeres, y efectos de simultaneidad-, en dos espacios: la sala de hospital en la que permanece “Elo” y la sala de la casa en la que viven estas mujeres; sobre estos lugares debemos mencionar que se han trabajado adecuadamente los detalles escenográficos -un sobrio cuarto de hospital y una sala de familia de clase media venida a menos, con paredes humedecidas y rústicas- y se ha explotado la profundidad para dinamizar ingeniosamente los cambios de espacios. La escenografía ha estado a cargo de Alonso Toledo.

Attilia Boschetti y Lucho Cáceres.

Con una obra realista, que genera suspenso a través del recurso surreal de las intervenciones del ilusionista, se corre el riesgo de caer en “descensos del clima” de intensidad y tensión. Si bien llega un punto en el que la tensión se estanca, esta luego es retomada con mayor intensidad, de modo que este obstáculo es salvado. Vemos en escena como Silvia, nuestra “Caperucita”, crece y va hacia el mundo, enfrentándose a sus problemas y eludiendo a ese “lobo” que es Víctor. Las actuaciones son efectivas y dignas de destacar; sin embargo mencionamos la de Attilia Boschetti, cuya caracterización de la abuela y luego de la misma pero “posesa” por Víctor logra terminar de elevar la tensión en la puesta: es como si realmente oyéramos a Víctor hablar a través de ella, con los movimientos, gesticulacones y trabajos vocales que esto implica. “Caperucita. Un espectáculo feroz” nos invita a meternos en esa “boca del lobo” que son las tensiones más íntimas del ser humano: el amor desmedido y los conflictos familiares, la incomunicación y la psiqué; a través de un montaje efectivo, de propuesta cinematográfica y cuya tensión va en crescendo, hasta llegar al desenlace que es la cima de esta tensión.

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