“Ruido”, una comedia entre lo real y lo absurdo

Dirige: Diana Cueva (Jefe de Proyecto)

Dramaturgia: Mariana de Althaus

El proyecto que continuó con la segunda semana del Festival Saliendo de La Caja es el de Diana Cueva, quien dirige “Ruido”; texto de Mariana de Althaus que se ambienta a fines de la década de los ochenta, durante el primer gobierno de Alan García. Se trata de una comedia en la que confluyen lo realista de la época de violencia, hiperinflación y escasez; y lo absurdo de las situaciones generadas por la familia conformada por Agusta (Firelei Barreda), Agustín (Micki Moreno) y Agustina (Nataly Zegarra); quienes viven voluntariamente indiferentes al “ruido” del exterior, de espaldas a la realidad. La trama se desarrolla sobre dos ejes: el conocimiento y contacto de la Vecina (Yolanda Rojas) con la familia de Agusta; y el abandono que sufre la primera por parte de su esposo mientras se halla en la casa de sus vecinos, a la que muy cerca de la hora del toque de queda toca a la puerta para que apaguen su alarma -que constantemente se enciende sin necesidad aparente- ya que su esposo es perturbado por ella; empero el toque de queda la obliga a permanecer en a casa de los vecinos y a convivir aquella noche con ellos. De este modo descubre que estos parecen no saber lo que sucede en la ciudad, y que eligen ignorar todo aquello que pueda perturbar su tranquilidad, todo el “ruido” de la violenta realidad.

Firelei Barreda, Micki Moreno, Nataly Zegarra y Yolanda Rojas.
Firelei Barreda, Micki Moreno, Nataly Zegarra y Yolanda Rojas.

“Ruido” emerge como un montaje interesante, que pone en escena aquella “verdad incómoda” que no se quiere oír, pero que sin embargo es omnipresente. Se apela en el texto de Althaus a un interlocutor específico, que conozca y se sitúe en el contexto del conflicto armado y la crisis del primer gobierno de Alan García. Así, la propuesta de Diana Cueva nos sitúa en ese espacio-tiempo con un empleo efectivo de artefactos de la época, como el televisor antiguo; y también con el ímpetu rebelde que portan los actores. Entre estos destacamos a Micki Moreno, quien desempeña el rol de un músico punk parte del movimiento de inconformismo y queja social, quien además constantemente compone curiosas canciones sobre cualquier suceso de la realidad -quizá incluso con el fin de “apagar el ruido”-. Por su parte, Firelei Barreda se desenvuelve como la extraña Agusta, que parece estar muy “a gusto” con su propia realidad, completamente indiferente al drama de la ciudad, considerando cualquier suceso violento o extraño “extravagancias”; Nataly Zegarra ejecuta el rol de la desenfadada hija menor, que insiste en afirmar que no es de este planeta. Finalmente, Yolanda Rojas en el papel de la Vecina, transita entre la seguridad como esposa casi al “servicio” de Andrés -su esposo-; el abandono de este que la hace pensar en qué ha fallado y la hace sentir culpable; y el desencanto de aquella figura masculina que la lleva a ir más allá e incluso a salir de la casa en pleno toque de queda[1].

Es necesario destacar además el manejo del espacio de la sala del Centro Cultural PUCP y los elementos en escena, que sumado a la naturalidad con la que se llevan a cabo las acciones -incluso en la escena del apagón- desembocan en una puesta consistente y coherente, que se mueve entre lo absurdo de las estrategias para ignorar la realidad, y la realidad misma que con su violencia logra hacer más potente el “ruido” que a veces no se quiere escuchar.


[1] Acerca de este punto Alfredo Bushby en “Románticos y posmodernos”, en la sección dedicada al trabajo de Mariana de Althaus, se refiere al imperativo de este personaje por ser una “Mujer Maravilla”, que no es dueña de sí misma, sino que es de los demás; en este caso de la figura masculina, y solo cuando se desencanta se reinventa.

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2 thoughts on ““Ruido”, una comedia entre lo real y lo absurdo

  1. Solo tengo una pequeña inquietud. Cuando vi la obra, me agradó, pero como ya había leído el texto dramático, sentí que en gran parte la representación escénica solo transportaba el texto fijo en lenguaje escénico, sin mayores cambios. En este sentido, siento que pesa más el texto dramático que el texto escénico (no se hasta qué punto esto es adecuado en el teatro).
    Sin embargo, no puedo dejar de mencionar ciertas actuaciones contundentes como el de la Vecina y el de Agustín, principalmente. En el caso de Agustina, siento que le faltó intensidad respecto a su modelo en el texto dramático.
    Por todo lo dicho, me parece que la labor de dirección es ciertamente “cumplidora”, pero no desdeño su buena labor.
    Quizá sería bueno tener en cuenta este punto que señalo, a menos que la intención de este blog no vaya por este lado.

    Saludos, y felicidades por la buena crítica.

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