El amor y la vida en la mirada de los amantes. Sobre “La eternidad en sus ojos”

Dramaturgia: Eduardo Adrianzén

Dirección: Oscar Carrillo

Asociación de Artistas Aficionados (AAA)

Nina: Ximena Arroyo y Sonia Seminario.
Nina: Ximena Arroyo y Sonia Seminario.

Eduardo Adrianzén ha escrito un texto potente y conmovedor para Sonia Seminario con motivo de sus 60 años en escena. “La eternidad en sus ojos” es una historia acerca de la trascendencia del amor, que se desarrolla en dos tiempos: en el presente, Nina (Sonia Seminario, que se impone en escena con la simplicidad que solo las actrices con su trayectoria pueden tener), viuda, profesora jubilada de Literatura, recibe en su departamento de modo inesperado la visita de Claudio -interpretado sólidamente por Jorge Bardales-, joven que, de luto, llega a la casa de la mujer que había dejado una huella imborrable en su padre para conocerla y confrontarla, y quizá entender qué de especial tenía la mujer que había sido el eterno amor de su progenitor. Es así que el diálogo e interpelaciones entre estos dan pie a intervalos en los que vemos desarrollarse las acciones correspondientes al pasado: Una Nina adulta, bordeando los 40 -interpretada por Ximena Arroyo, hija fuera del escenario de Sonia Seminario, que saca adelante su rol con soltura y efectividad- tiene un intenso romance extramatrimonial con uno de sus alumnos, el veinteañero Alejandro (Claudio Calmet, a quien vimos el año pasado en “Libertinos” y “El último fuego”, en una precisa y fuerte interpretación), futuro padre de Claudio.

Claudio Calmet y Sonia Seminario.
Claudio Calmet y Sonia Seminario.

El juego con los tiempos presente/pasado se desarrolla de forma dinámica e incluso natural, agilizado por el manejo de la iluminación que cierra y abre espacios. Sin duda se trata de un texto dramático de alta calidad, con muchas tonalidades que permiten reír, conmoverse y también reflexionar; en el que las tensiones van en crescendo. Esto, en conjunción con el preciso trabajo de dirección y el empleo del amplio espacio escénico de la sala de la AAA -que se convierte en el departamento de Nina en el presente, y en la habitación de hotel en donde se daban los encuentros entre los amantes- tiene como resultado un montaje más que atractivo, conmovedor y de gran calidad. Uno de los elementos más certeros de “La eternidad en sus ojos” es el trabajo en la humanidad de los personajes; en primera instancia, a nivel de dramaturgia; y en segunda, a nivel de caracterización: vemos a una Nina sarcástica y llena de contradicciones ya en la vejez; pero sin perder la pasión, el pragmatismo y cierta cuota de cinismo que marcan su adultez; Alejandro, por su parte, es un joven idealista, con afición a la poesía; y vemos en escena que, en el transcurso de los años de relación que ambos mantienen, él va madurando y convirtiéndose más bien en un hombre consciente de la realidad; como si de una “pérdida de inocencia” se tratara. Esto, en un plano mayor, puede relacionarse también con la entrada por completo en la crisis y la violencia de los ochenta; pues a medida que la sociedad se degrada, su relación va camino a su final.

“La eternidad en sus ojos” cumple con conmover al espectador y llevarlo a un plano reflexivo, de paso, con la ambientación de la historia en los ochenta y la reproducción de escenas de la época, preocupación por la inminente crisis, apagones y atentados. Uno de esos montajes que uno tiene que ver, un más que merecido homenaje a la carrera de Sonia Seminario, una celebración a la vida.

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