El Cine Edén

Marguerite Duras

Dirección: Alberto Ísola

Asistencia de dirección: Jimena Leyva

Escena Contemporánea

El Cine Edén.
El Cine Edén.

Primera mitad del siglo XX. En la Indochina francesa marcada por la miseria cruel del colonialismo y su injusticia, La Madre, interpretada por la destacada bailarina Mirella Carbone, enviuda y decide permanecer en Indochina, trabajar y sacar adelante a sus dos hijos; Joseph (Joaquín de Orbegoso) y Suzanne (Moyra Silva).  Es la época del cine mudo y La Madre toca el piano que acompaña estas funciones en un local llamado el Cine Edén para ganarse la vida. Alentada por la ilusión de construir un presente y futuro próspero para su familia, invierte sus ahorros en la compra de unas tierras que representan la promesa del éxito y por qué no, la riqueza. Sin embargo, estas tierras no son lo que ella pensaba; el océano las inunda constatemente, es imposible sembrar en ellas. Es aquí que la obsesión de La Madre toma fuerza, y se empecina la inútil tarea en construir diques que detengan el avance del mar. La obra teatral  El Cine Edén surge del texto de la francesa Marguerite Duras Un Dique contra el Pacífico (y con algo de El Amante), de matiz autobiográfico que cobra cuerpo en la puesta en escena con la intervención de Graciela Paola, quien relata a modo de lectura de sus memorias en primera persona, su historia. Es como si oyeramos, así, a la propia autora contando su vida y la de su familia. Esto posibilita dos niveles de tiempo; el pasado en el que el personaje vive las acciones (la joven Suzanne), y el presente en que un yo adulto, desdoblado, cuenta los hechos y que a la vez interviene en estos participando en algunos momentos de la escenificación, literalmente “volviendo a vivir”. Este distanciamiento intensifica las acciones dramáticas y aporta profundidad al cuestionamiento del retrato de la época.

El Cine Edén, bajo la acertada y sutil (qué más decir) dirección de Alberto Ísola, conjuga teatro, cine, danza y literatura, con textos de la misma autora. El espectador ve en escena una muestra total de estas artes integradas, como si de pequeñas piezas de un complejo engranaje se tratara. Sobre el fondo del escenario, el écran nos instala en las butacas del cine Edén y ante la vida de esta familia: el paso de la adolescencia a la adultez de Suzanne, sus encuentros con Monsieur Jo y Agosti (ambos roles ejecutados por Marco Otoya), su amor por la imagen idealizada de Joseph, su hermano y la conflictiva relación con su madre, cuya locura (y también su fracaso) parece aumentar progresivamente, sumiéndola en un desamparo mayor.  Los sentimientos límite que marcan a los personajes logran también atormentar al espectador. La necesidad del amor, la riqueza, la opresión, el fracaso, el desamparo y la ferocidad del colonialismo hacia los más pobres son los grandes temas de la obra. Completa el elenco Walter Vásquez como el Capataz, sobrio y decidido en su actuación de sirviente de La Madre. Las interpretaciones son todas correctas y conmovedoras, de las que, obviamente destacamos el trabajo de Mirella Carbone, cuyas intervenciones en los espacios dedicados a la danza son breves, precisas, plásticas y sumamente conmovedoras. En general, un trabajo que deviene de la dirección de Ísola, en la que cada aspecto se une con el otro sin dejar cabos sueltos; la música, la iluminación, el empleo del espacio: todo sumerge al espectador. Qué más decir sobre El Cine Edén, salvo que son pocas las manifestaciones artísticas que conmueven solamente por su belleza. Esta es una de ellas.

 

 

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