El juego de la intimidad y el poder: Los Disfraces

Dramaturgia: Ricardo Prieto

Dirección: Manuel Trujillo

La Fuente de Castalia

En el programa de mano de Los Disfraces, la más reciente puesta de La Fuente de Castalia, se anuncia en la descripción de la organización: “La Fuente de Castalia es una organización cultural enfocada a crear, promover y difundir un espacio de exploración artística en cada proyecto realizado, compartiendo un mensaje sensible al público sin dejar de entretenerse”, objetivos que cumple certeramente. Si bien en abril de este año pudimos ver El Ornitorrinco, es con su última propuesta teatral, desde nuestro parecer, que el trabajo de la agrupación se consolida.

Los Disfraces.
Los Disfraces.

Los Disfraces, del uruguayo Ricardo Prieto, bajo la dirección de Manuel Trujillo  ̶ quien además diseñó la funcional escenografía-, retrata la tensa relación de poder y deseo entre una dupla ama/sirviente. La primera, hija de una familia de clase alta, invierte su tiempo en despreciar al criado por quien parece sentir una extraña atracción; de esa manera ambos despliegan todo tipo de diálogos ofensivos, hirientes y despectivos; pero teñidos por cierto humor perverso. Solamente invirtiendo roles, disfrazándose del otro, logran liberar sus obsesiones. En escena vemos a Carlos Acosta (a quien ya habíamos visto en la infructuosa Nadar como perro) como un mayordomo irónicamente sumiso que se torna en un hombre peligroso en el cambio de roles. La tensión del diálogo entre ambos personajes va en ascenso a lo largo de la obra. Gabriela Navarro, cuyo desempeño corporal y gestual cambia por completo de acuerdo al rol que ejecuta, se convierte así en la precisa contraparte/complemento en este duelo de roles, en el que ambos intercambian enunciados fuertes que van de un lado al otro como si estuvieran disputando el match point de algún partido de tenis. El escenario, concepción del director, es un preciso ring de box, en el que los personajes sueltan un golpe tras otro; en adición, los únicos complementos son dos cubos –blanco y negro- y dos percheros en los que colocan los disfraces que usan ambos. Por su parte, la iluminación y acompañamiento musical terminan por “redondear” la puesta, imprimiendo tonos violentos, tensos o suaves de acuerdo a las circunstancias.

Los disfraces es una puesta ágil y dinámica, funcional. Con un manejo del ritmo preciso y con un desempeño actoral más que solvente. Eso sí, debe tenerse mayor cuidado con la información vertida en el programa de mano, pues algunos errores saltan a la vista. Imprecisiones como esas no opacan el trabajo general, sin embargo es necesario no dejar esos detalles de lado. Los ejes que articulan este montaje no hacen más que consolidar el trabajo de La Fuente de Castalia y confirmar la superación progresiva del trabajo de Manuel Trujillo. Efectivamente, Los Disfraces conmueve, impacta y entretiene.

 

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