Frankie & Johnny en el claro de luna

Dramaturgia: Terrence McNally

Dirección: Vanessa Vizcarra

Teatro Británico

Terrence McNally es el dramaturgo de lo cotidiano, que aborda conflictos comunes a los sujetos “de a pie”. En Frankie y Johnny en el claro de luna vemos ese tipo de personajes.  Estrenada en el circuito off Broadway en 1987 y tórnandose con rapidez en una de las favoritas del público, esta obra posteriormente llegaría  a Broadway e incluso  tendría su versión cinematográfica, dirigida por Garry Marshall y protagonizada por Al Pacino y Michelle Pfeifer. Desde febrero de este año, Frankie y Johnny en el claro de luna viene presentándose en el Teatro Británico, bajo la dirección de Vanessa Vizcarra y con las actuaciones de Sergio Galliani y Alexandra Graña, encargados de dar vida a esta común pareja. La trama no resulta particularmente deslumbrante: dos adultos que bordean los 40, con empleos alejados del paradigma del “éxito” –él es cocinero y ella mesera- deciden salir y pasar una noche juntos en el departamento de ella. Es en esa noche que transcurren las acciones, mientras él intenta convencerla de que aquella oportunidad de estar juntos y de unir sus vidas es única, que no deben desaprovecharla; mientras que Frankie, escéptica, endurecida por la vida y reacia a confiar en el futuro del amor, se niega a los ofrecimientos de Johnny. Para él, es imperioso conquistarla, siempre con el Claro de Luna de Debussy de fondo.

Frankie y Johnny en el claro de luna.
Frankie y Johnny en el claro de luna.

Si bien, como mencionamos, la trama no es deslumbrante ni compleja, el mérito de la obra radica en la relación que ambos personajes vanestableciendo progresivamente. Y es en este punto que algo no funciona del todo en la propuesta –dirigida con corrección- por Vizcarra. Esto, creemos, tiene que ver con la dinámica entre los dos actores, con la complicidad que, a pesar de los intentos de Galliani –que es siempre él mismo, aspecto que no resta a la puesta, al contrario- no llega a concretarse. En la obra de McNally estamos frente a dos personajes que, por recaer por completo la acción en ellos, deben brillar. Esto no sucede en la puesta del Británico. El montaje toma vuelo en el segundo acto, del que destacamos la escena en la escalera de evacuación de aquel edificio tan bien recreado por los encargados de la escenografía, que coloca al público en ese departamento. Es importante referir que en el programa de mano se menciona que la obra dura “100 minutos sin intermedio” y sin embargo, se tomó la decisión de dividir la obra en dos actos, lo cual trae como consecuencia un “corte” en la interacción entre los personajes, restando agilidad y ritmo.  Es necesario mencionar también que el desnudo a media luz del inicio está completamente justificado, apelando a la naturalidad de la situación representada.

Vanessa Vizcarra refiere en el programa de mano que se trata de “un cuento de anti-hadas sobre un amor corriente y humano” y sí, de eso se trata: una historia de romance común, norteamericana –tanto que el espectador no logra captar la relevancia de la conversación sobre la procedencia de ambos-, lejana a nuestra realidad, pero que no deja de resultar entretenida.

*Función del Lunes 24 de Febrero, 2014. Algunas ideas vertidas aquí fueron presentadas y debatidas en la sesión de la Escuela de Espectadores del miércoles 26.

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