Una divertida y pícara “Cábala”

Dramaturgia: Liz Guzmán

Dirección: Johanna Cuevas

Asistente de Dirección: Pamela Gonzales

Vivero de Dramaturgia – Teatro de Autor

Es poco usual ver en escena dramaturgia nacional bajo el sello de la comedia, por ello el estreno de La Cábala fue, a la vez, una buena noticia y una sorpresa. La obra es el resultado del proceso de escritura y creación dentro del Taller 20 del Vivero de Dramaturgia que dirige el reconocido Alonso Alegría, espacio que —por la publicidad y anuncios previos al inicio de la función— plantea convertirse en el principal y más importante espacio de generación de dramaturgos peruanos. La Cábala se presentó como pieza previa a Operación Réquiem (obra de la que nos ocuparemos en una entrada siguiente) y se trata de una obra de corta duración de corte cómico, como referimos líneas arriba.

Maetín Martínez (Carlos) y Claudia Rúa (Sara) en "La Cábala".
Martín Martínez (Carlos) y Claudia Rúa (Sara) en “La Cábala”.

En escena, Claudia Rúa da vida a Sara, joven viuda que le pedirá a su cuñado, Carlos (Martín Martínez), la ayude a cumplir con la “cábala” que ella y su difunto esposo llevaban a cabo cuando una situación decisiva se veía venir; esta vez, ella tiene una importante entrevista de trabajo al día siguiente. Las acciones se desarrollan en la pieza del Carlos —un espacio claramente marcado en el amplio escenario del Centro Cultural Ricardo Palma—, a la que entra Sara para, luego de darle algunas vueltas al asunto, confesar que su “cábala” era un “mañanero”. Inicialmente el cuñado se niega, pero ante la insistencia de la mujer, e impulsado por la atracción que sienten el uno por el otro, terminan por consumar el hecho. La Cábala es una ingeniosa pieza cómica que parte de un conflicto muy simple como excusa para el entretenimiento. Esa simpleza y concisión son sus mayores méritos. Sin embargo hay algo que no termina por funcionar, pese a lo efectivo que es el texto de Guzmán. Quizá se trate del grado de compatibilidad desarrollado por ambos actores, quienes no logran mantener un diálogo fluido, de aparente espontaneidad —dada la situación, pese a la tensión inicial—, puessus acciones son muy “anticipables” por el espectador, limitando la espectativa. Puede haber influido también el manejo del ritmo, lo cual debilita la intensidad y esa ‘rapidez’ que una comedia como esta —en la que la acción recae solo en la pareja— consideramos, debió tener.

 

Nota: La Cábala, obra de 25 minutos de duración, precedió a Operación Réquiem, de la cual nos ocuparemos en un siguiente post. En ese nos referiremos también al funcionamiento de ambas como conjunto, presentadas en una misma función.
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