Sobre mujeres, memoria y soledad

La edad de la ciruela

Dramaturgia: Arístides Vargas

Dirección: Michael Joan

Asistencia de dirección: Manuel Trujillo

 Asociación Cultural La Vale nació este 2014 y, según lo comentado en la sesión de Escuela de Espectadores de Teatro (cuyo vídeo se puede ver aquí) se viene dedicando a la puesta en escena de textos de Arístides Vargas, maestro e impulsor de quienes están a cargo de este naciente grupo. Han montado Nuestra señora de las nubes y La república análoga; esta vez nos entregan La edad de la ciruela (obra que nace del recuerdo del autor sobre el su origen familiar en una casa del departamento de San Martín, en Mendoza, que estaba rodeada de ciruelos), emotiva historia con las actuaciones de Leslie Guillén, Mariajosé Vega y Claudia del Águila. En esa obra se rompe con la narratividad objetiva para ‒mediante la memoria, el recuerdo y la imaginación‒ plantear un espacio apartado de la realidad en el que se reconstruye, frente al espectador, la historia de un matriarcado a través de varias generaciones. Será Valentina, mientras juega en el desván de una antigua casa, quien descubrirá las cartas de las hermanas Celina y Eleonora, con cuya lectura cobrarán forma las historias de estas mujeres. Para esta puesta en escena, afirmó el director en sesión de la ETT, se tomó la decisión de trabajar con tres actrices (en otros países se ha optado por trabajar con otro número de intérpretes, o con ejecutantes masculinos) y se propuso un “inicio” propio, una escena seleccionada por el equipo de dirección y no por indicación específica del dramaturgo. Sobre este punto el autor, en una entrevista, sostiene “Muchas de las obras que escribo no tienen una estructura fija, son muy carnales; o sea, tienen mucha carnadura y poca estructura. Entonces, necesitás, si querés darle un sentido, encontrar el tuyo y no forzar el mío (…) Son textualidades muy abiertas y muy extrañas en su constitución. Si tú leés La edad de la ciruela, por ejemplo, se trata de una sucesión de escenas a las que es muy difícil encontrarles el ritmo si no desarrollas un trabajo con mucha propuesta de los actores y el director.[1]

La edad de la ciruela

En la propuesta de La Vale Cultura, que emplea escénicamente elementos estrictamente necesarios; una escalera, algunas sillas, un baúl; y que complementa el “aura” de la obra con una singular selección de boleros, vemos a las tres actrices pasar por varios roles adscritos a diferentes rangos de edad y a las mujeres de esa familia: abuelas, tías, madres, hijas, en la reconstrucción de la memoria de las hermanas, roles ejecutados por Guillén y Del Águila. En general, el trabajo de las tres actrices es sólido y con el amplio registro de matices que sus interpretaciones necesitan. Quizá los momentos más intensos –porque en general la obra, por poética y emotiva, está bastante cargada de una fuerte emotividad- sean aquellos en los que Guillén y Del Águila se despojan de los otros personajes para hablar como las hermanas que escriben / enuncian sus cartas. La iluminación –a cargo también de M. Joan- enmarca y delimita los espacios y temporalidades en los que transcurre la acción.

Cargada de un humor familiar, íntimo pero a la vez común a los espectadores, La edad de la ciruela gira también en torno al tiempo y cómo este pasa/afecta nuestras vidas, renovándose o deteriorándose y arruinando lo que existe alrededor. La memoria, en el tiempo construido, es la que “teje” el relato que pasa de generación en generación, en el que las mujeres son las “guardianas” de ese legado y las partícipes principales de esta obra que posee también cierto realismo mágico en su construcción discursiva, que trastoca la realidad objetiva -que referimos líneas arriba-, la percepción estética de una realidad que la memoria (siempre frágil, siempre traicionera) re-crea con ayuda también de la imaginación, para devolverle al espectador la capacidad de asombro ante lo cotidiano tocado por lo fantástico e imposible. La rata, el ciruelo, la muerte, los espíritus que se niegan a abandonar el mundo de los vivos, los celos y el amor pueblan el reino de estas mujeres. En adición, enmarcada en la indeterminación y detención del tiempo, La edad de la ciruela logra poner en discusión el rol de la mujer, sus posibilidades ante la vida y su independencia. Como se refiere en el programa de mano “Los personajes viajan en el recuerdo hacia el mundo perdido de la infancia, teniendo a la ciruela como una pequeña fruta que adura, se arruga y envejece y en la obra es la metáfora de la vida de las féminas que habitaban aquella casa: ‘Mujeres que no sirven para nada porque no quieren servir a nadie’.”

Este montaje contó, además, con la asesoría personal de Arístides Vargas y de Charo Francés. ¿Qué más carta de presentación?

 

Bibliografía referencial y notas:

 

Irina Lamas, Florencia. “El lugar del exilio: una lectura de La Razón blindada y Nuestra Señora de las Nubes de Arístides Vargas” En Telón de fondo. Revista de teoría y crítica teatral N° 17, julio 2013, pp. 140 – 152.

[1] Arístides Vargas, en Pacheco, Carlos. Entrevista a Arístides Vargas, “Escribo por lo desarmado que estoy”, Revista Picadero, Nº 16, INT, 2006; p. 16. (Revisada en línea: http://www.inteatro.gov.ar/editorial/docs/picadero16.pdf el 12/09/2014, a las 14:25)

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