Cuatro “Juguetes” en escena

De: Sebastián Salazar Bondy

Dirección: Gustavo Seclen

Tercera Llamada

JUGUETESSebastián Salazar Bondy es uno de nuestros autores de teatro más importantes, sin embargo, sus obras son raramente llevadas a escena, pese a la contemporaneidad latente en su producción dramática. A modo de homenaje, Tercera Llamada trae a escena cuatro juguetes, breves piezas de tinte claramente cómico y social a la vez. El elenco, conformado por Ricardo Morante, Paola Vera, Eileen Céspedes, Roberto Huamán, María Carbajal, Christian Pacora, Alejandra Reyes, Víctor Barco, Sergio Velarde, Claudia Mendoza y Gerson Borja; da vida a los diferentes roles requeridos en los Juguetes. El primero en presentarse es Un cierto tic tac, pieza en la que, claramente, Paola Vera inicia con una carga energética potente, aspecto que debe cuidar, pues está muy cerca de la exageración. Empero, la dinámica entre su personaje y el del Doctor (Morante), se desarrolla con fluidez. La siguiente será El beso del caimán, en la que intervienen siete personajes, pieza que incide en la incomunicación, la diferenciación entre una pretendida “civilización” y la “barbarie”. Logra destacar en esta Alejandra Reyes como Olimpia, jugando con Vitaliano y manipulándolo mediante la seducción. Pese a esto, quizá esta sea la pieza menos lograda del conjunto, con un ritmo menos fluido entre los varios personajes.

Las dos últimas son las que, desde nuestro criterio, son llevadas a escena con mayor soltura: El de la valija, con Pacora como el hombre que conversa y ciertamente manipula al guardia (Velarde), dejando a este empecinado en cumplir eficientemente su labor e idealizando al supuesto dueño de la maleta, cuando, en realidad, se trataba solo de un viejo vendedor (Barco). El tono cómico es explotado plausiblemente en la interacción de los dos personajes iniciales. El cuarto “juguete” es la conocida En el cielo no hay petróleo, que avanza con un ritmo sostenido y refrescante, esto último, principalmente, por la dinámica entre las más jóvenes (Vera, Reyes y Mendoza) de las que destaca Alejandra Reyes como Pepa, sin caer en el disfuerzo y con la naturalidad de una joven muchacha fácilmente impresionable por los extranjeros. Divierte la caracterización de los gringos y cómo es asumida la triste sorpresa por el padre, la madre y el hijo (Velarde, Céspedes y Huamán). Ricardo Morante, desde la “inmovilidad” del abuelo, termina por cerrar esta pieza, reforzando el juego cómico.

En general, se trata de una puesta en escena aceptable, con interpretaciones que, en su mayoría, hacen emerger el tono jocoso de los textos de SSB, parodiando tipos sociales y generando la risa en el público con la aparente simplicidad que caracteriza los textos de SSB. La escenografía es enteramente funcional y el vestuario ha sido diseñado con corrección, marcando la época (como en el caso de En el cielo…) y apoyando eficientemente la caracterización, uno de los puntos fuertes de esta propuesta.

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