Vincent en Londres

De Nicholas Wright

Traducción: Gonzalo Rodríguez Risco

Dirección: Adrián Galarcep

Asistencia de dirección: Denise Arregui

La quinta entrega del Centro Cultural PUCP (CCPUCP) por sus 20 años de presencia activa en la escena limeña se centra en la figura de Vincent Van Gogh. El homenaje es, evidentemente, a la pintura. En perspectiva, quizá esta puesta en escena no sea la que destaque más entre la serie de homenajes (al cine, a la poesía, a la literatura y a la música) que ha venido presentado el CCPUCP a lo largo del 2014, pero no por esto –desde nuestra perspectiva- Vincent en Londres deje de ser de una obra llevada a escena con solvencia. En esta, se muestra el despertar del ímpetu y genio artístico del pintor holandés, despertar íntimamente ligado a lo emocional, a la pasión y al amor, factores explosivos que hacen que este drama se tiña de intensidad.

Vincent en Londres, de Nicholas Wright.
Vincent en Londres, de Nicholas Wright.

Vemos en escena a un joven Vincent (Fernando Luque, con un acento diferencial y no gratuito que resulta distractor al inicio, pero al que nuestros oídos se acostumbran) que, guiado por sus impulso y por la impresión que causa en él la imagen de Eugenie Loyer (Patricia Barreto), decide mudarse a la pensión de Úrsula Loyer (Alejandra Guerra), con la intención inicial de estar cerca de la hija de la viuda, planes que luego variarían. Es en esa casa donde conoce e interactúa con Sam Plowman (Nicolás Galindo), un aspirante a artista con un sólida postura sobre lo social y el arte, opuesta a la de Van Gogh. Es en ese encuentro que la obra empieza a despegar, en el que se van delineando, ante los espectadores, ambas personalidades y sus visiones sobre el hombre y el arte: la de Van Gogh, inclinada a lo armónico e idealista como lo bello; y la de Plowman, con énfasis en lo “verdadero” como algo indesligable de la realidad circundante. Será más adelante que, mediante la relación entre la dueña de casa y el holandés que el ímputo artístico de este último termine por esbozarse.

En este sentido, Alejandra Guerra emerge con una potente presencia escénica, ya sea en su etapa “oscura” o en sus “mejores” momentos, con una gestualidad y construcción actitudinal notable, que nos deja ver en detalle el cambio anímico de esa mujer ciertamente atormentada. La relación de ambos se quebrará con la llegada de Anna Van Gogh (Camila Zavala), quien durante su breve –y tempestuosa- intervención consigue llevar al límite el drama, que nos llevará, progresivamente, al desenlace de la obra, con una bella escena final en la que Vincent se “ilumina” y, en pocos minutos, vemos surgir en el rostro de Luque la pasión, la voracidad intensa por pintar. Una escena en la que todos los elementos confluyen con inspiración.

Las acciones en la obra de Wright transcurren en la inamovible –trabajada al detalle, sin ser abrumadora, por Geovanna Gerstein- cocina de la casa Loyer y, si bien se puede temer cierta monotonía y estatismo, esto no se llega a percibir, creemos, por el énfasis que ha puesto Galarcep en el discurso verbal y en el desplazamiento de los actores, a quienes vemos realizar acciones muy cotidianas, usuales de ese espacio íntimo –tomar el té, leer el periódico, cocinar- mientras van revelando la personalidad de sus roles respectivos. Contribuye a dotar de peso escénico el diseño del vestuario –a cargo de Ramón Velarde-, sobre todo en el caso femenino. La iluminación, muy acorde con los momentos temporales y emotivos de los protagonistas, quizá alcance su mejor omento en la escena final, que entendemos como el momento cumbre de esta obra. Galarcep nos ofrece una puesta trabajada al detalle y con corrección.

Fe de erratas: corregimos al interior del texto la atribución del diseño escenográfico hecha a Juan Escudero, pues se nos indicó que él había sido el realizador -pese a que el programa de mano no lo consigna como realizador-, y que el diseño recaía en la dirección de arte, a cargo de Geovanna Gerstein.

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2 thoughts on “Vincent en Londres

  1. Hola:
    Interesantes y muy oportunos los puntos que destacas sobre el énfasis en el discurso y en el desplazamiento que se han puesto en la obra.
    A mi no me atrapó la obra ciertamente. Hay escenas muy flojas a mi entender, o mal llevadas si se quiere; como aquella donde a través de las luces nos quieren presentar una “noche estrellada” y es, además, acompañada por una música que no se si suma o resta, pero quizás sea sólo un tema de gustos.
    El último tramo sí me pareció superior, y la escena final, muy bella.
    Ojalá postees más seguido ya que siempre hay varios puntos muy interesantes en tus comentarios.
    Saludos!

    • Gracias por comentar. Creo que siempre el ejercicio de espectación es subjetivo, de ahí que haya cosas que nos gusten más o menos. En la pluralidad, en el debate está lo interesante. Creo también, que quizá el director ha querido ir por un rumbo seguro, lo cual resulta en una puesta muy correcta, mas no brillante. Lo cual no quita mérito a esta propuesta.
      Sobre postear más seguido, trataré. últimamente voy más al teatro, pero publico menos. ¡Saludos!

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