Sobre el teatro peruano en el 2014

Gabriela L. Javier Caballero

Los balances: Caretas, Perú.21, El Comercio

La escena limeña continúa creciendo, de ello no nos cabe duda, sin embargo, al realizar un recuento, balance y repaso por las propuestas escénicas del 2014 -y también por los artículos y entrevistas publicados por los medios de comunicación con mayor visibilidad- nos asalta la pregunta: ¿qué es necesario, qué hace falta para un verdadero “despegue” del teatro peruano? Primero, se hace necesaria una aclaración: cuando nos referimos al teatro peruano lo hacemos al teatro que se hace en el Perú, ya sea de autor nacional o extranjero. Evidentemente, no podemos verlo todo, nuestra mirada se centra sobre la ciudad de Lima.

La revista Caretas, sin problematizar el estado del teatro hecho en el Perú, realiza un recuento titulado “2014: Un año feroz”, que abre afirmando: “El año que pasó dejó una serie de montajes con una herida central en común: la Guerra Interna. Destacó, así, La Cautiva (…) [y] Cómo crecen los árboles”, artículo que hace un repaso por los montajes de las salas más importantes y con mayor visibilidad de nuestra ciudad. En La República, firmado por Estefany Barrientos, encontramos un repaso similar –con una mirada más amplia, eso sí- que cuenta con el plus de anunciar algunos estrenos y reestrenos para el 2015, además de enfatizar en la aparición de “nuevos autores que ganaron concursos y pudieron ver en escena sus textos”. Importante que se reconozca que “Detrás de este nuevo panorama para la escena teatral, están, por supuesto, proyectos como el de La Plaza, los concursos de dramaturgia del Teatro Británico y del Ministerio de Cultura. Pero también están agrupaciones teatrales que apostaron cuando el panorama para el teatro no era el más alentador en general.” (Énfasis nuestro).

Por su parte, Alonso Alegría resalta –en la página cultural de Perú.21[1]– lo que él denomina un “boom” de la dramaturgia peruana, ya que “digan lo que digan los aguafiestas (…) la dramaturgia ahorita está mejor que nunca”, gracias a los concursos alientan y premian el surgimiento de nuevos autores; como Sala de Parto (La Plaza), Ponemos tu obra en escena (El Británico) y, más recientemente, el Concurso Nacional “Nueva Dramaturgia Peruana” (Ministerio de Cultura). En su texto no deja de mencionar a su Vivero de dramaturgia y a uno de sus más célebres egresados, Daniel Amaru Silva, autor que este año obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional de Dramaturgia –reconocimiento que lo reafirma como uno de los dramaturgos más interesantes de nuestra época- y que estrenó Presunto Culpable con gran aceptación y buenos comentarios, no solo para el autor, sino también para los actores (Gabriel González y Carlos Acosta) y director (Rodrigo Chávez). Alegría, respetado hombre de teatro, consigna una lista de “La mejor dramaturgia de 2014”, en la que incluye las siguientes obras: Criadero, de Mariana de Althaus; Katrina Kunetzova y el clítoris gigante, de Patricia Romero; El sistema solar, de De Althaus; Sobre Lobos, de Mariana Silva Yrigoyen y La cautiva, de Luis Alberto León. No deja de resultar curioso que dos de las cinco obras referidas en su listado de lo más destacado de autor peruano en el 2014 no sean estrenos de dicho año, sino de años pasados. ¿Será que “ganaron” por walkover? Si fue así, entonces, ¿hay un “boom” realmente?

El Comercio, bajo la pluma de Enrique Planas, presentó un balance de fin de año titulado “Un año dramático” en el que reconoce que “Como tendencia, este año el drama se impuso a la comedia, mientras que la dramaturgia nacional mostró notable diversidad”. Para realizar este balance reconoció que “al hablar de la escena teatral, el esfuerzo de una sola persona para reseñar y ponderar todos los estrenos del año se ha convertido en una tarea casi imposible” convocó a la directora y actriz Marisol Palacios, al actor y autor Alfonso Santisteban, al crítico de teatro Sergio Velarde (que dirige El Oficio Crítico) y a Juan Carlos Adrianzén, coordinador y programador del Gran Teatro Nacional, además de ser uno de los editores de la revista La Lupe. Puro teatro. Pura danza. Se registra, así, una nutrida conversación entre los cuatro especialistas que “más allá de los logros, notan la ausencia de crítica, de infraestructura y de identidad gremial”, tocando temas como el florecimiento de la dramaturgia local, el aumento de la oferta teatral, afirmando la necesidad de captar más público, pero también la de más salas; entre otros interesantes puntos como los temas más recurrentes, las tendencias y nuevos formatos. Valioso intento por brindar una mirada más amplia y que evade la ejecución, siempre restrictiva, de solamente un ránking.

Las iniciativas de diálogo y los Festivales

Vemos así que estas tres miradas referidas confluyen en un punto: el auge del autor de teatro peruano, y que no coinciden en la idea del “boom”. Por nuestra parte, creemos que son muchos los factores que intervendrán para el “despegue” de nuestro teatro; como políticas públicas, el impulso de gobiernos locales, la continuidad de los programas de Artes Escénicas que impulsó la anterior gestión municipal, la formación profesional que produzca no solo actores o directores, sino también especialistas en artes escénicas, investigadores, para que el vacío ante la ausencia de crítica sea cada vez menor. La generación de espacios de diálogo es también importante, proyectos como Escuela de Espectadores son ejemplo de que ya empieza consolidarse el intercambio. Estos espacios se han dado también en Espacio Libre, que no solo genera un conversatorio después de cada función, sino que este año, en las celebraciones por sus 15 años como agrupación, generó su “Desde la otra orilla” – Conversatorios interdisciplinarios sobre teatro, encuentros que quedaron documentados en la página de Crítica teatral sanmarquina, a modo de crónica, por Christian Saldívar.

Los Festivales Internacionales tienen un lugar importante también, por permitir al espectador apreciar espectáculos de diversas partes del mundo y ampliar así su mirada, configurando, quizá, una mejor apreciación crítica. El FAEL, de no continuar, dejará un vacío difícil de colmar. El 2014 vinieron obras internacionales también, algunas en Casa Espacio Libre, siempre estableciendo diálogo y descentralizando su trabajo. También, bajo el marco del FISABES (Festival de Saberes Escénicos) llegaron obras como Gola (Naked), de Eslovenia; Alfonsina y los hombres, de Argentina, entre otras; y como parte del Festival Sala de Parto, Emilia, de Claudio Tolcachir y Helen Brown, De Trinidad Piriz y Daniel Marabolí, desde Argentina y Chile, respectivamente. El último festival mencionado tuvo como atractivo principal las lecturas dramatizadas de los ganadores de la convocatoria 2014, año durante el cual llevó a escena los textos seleccionados en la edición 2013, como Sobre Lobos, Katrina Kunetzova y el clítoris gigante y La Cautiva (absurdamente acusada hace unos días de apología al terrorismo). Este año continuará con la producción de otros textos de esa primera edición, como El análisis, de Franco Iza y 10’000, de Giuseppe Albatrino. Teatro la Plaza, además, durante el 2014 realizó una serie de talleres en conjunción con la Municipalidad de la Victoria, impulsando así la formación en escritura dramática de un público diverso. Iniciativas elogiables todas, que dejan una sensación positiva. El año que pasó se llevó a cabo la XII edición del Festival de teatro peruano norteamericano, de la que resultó ganadora Killer Joe, de Tracy Letts, bajo la dirección de César Bravo. En este Festival se estrenó la obra Conrado y Lucrecia, de Alfredo Bushby, bajo la dirección de Christian Paredes, única obra de autor peruano presentada a concurso.

Las Iniciativas particulares

El 2014 “sacó” de su casa a Edgar Guillén, quien puso en escena La misa de Hécuba en la A.A.A.; salieron también de su casa los Yuyachkani, quienes montaron su repertorio en el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico, llegando así a otro público que incluso, quizá, no los conocía.

El Centro Cultural de la Universidad Católica celebró sus 20 años de vida con obras que homenajeaban al arte en todas sus dimensiones: la poesía, la música, la literatura, el cine y la pintura, todos de gran calidad –como suele pasar con los montajes del CCPUCP-. La sala de El Olivar inició el año con la tibia comedia Bésame mucho, escrita y dirigida por Ernesto Barraza; para cerrar con la ágil e interesante Power Off, creación colectiva con dramaturgia de Daniel Amaru Silva con la dirección de Renato Fernández. En esta sala se presentó también uno de los dramas más intensos del año: El camino a la Meca, bajo la dirección de Mikhail Page, quién también dirigió Hemingway, notable texto de Maritza Núñez, en la Plazuela de las Artes dentro del Programa de Residencia Pequeño Formato de la Municipalidad de Lima.

Las iniciativas privadas, desde asociaciones culturales o similares, destacan también; como Escena Contemporánea, con su Estrella negra (parte del denomiy Este hijo. Por su parte, Plan 9 brilló con La tiendita del horror; Ópalo repuso Las neurosis sexuales de nuestros padres, obra en la que Wendy Vásquez nos ofrece una interpretación sobrecogedora. En el Teatro Racional pudimos ver propuestas de creadores jóvenes; como Dubái, o de más experimentados como Nuestro propio mundo, de Claudia Sacha. Las escuelas de formación profesional expusieron sus trabajos, ya sea como institución –como la ENSAD- o a modo de mostrar el trabajo de sus egresados –como el Festival Saliendo de la Caja, de la PUCP-. Del mismo modo, Aranwa continúa creciendo, trayendo actores de reconocido prestigio, como a Augusto Mazzarelli para La Controversia de Valladolid, o montando textos peruanos, como En la calle del Espíritu Santo, de Celeste Viale. La Vale realizó un importante trabajo también. Los Premios de El Oficio Crítico –que tiene un espacio merecido y ya ganado entre la gente de teatro de nuestra ciudad- y ahora el de El Teatro de mi vida, de Alonso Chiri, sumados al ya conocido “Luces” y a la primera edición de los Premios AIBAL a las Artes Escénicas son alicientes importantes también.

Todo recuento será limitado, sin embargo, queremos que estas breves menciones funcionen no solo como un repaso, sino como un incentivo y una necesaria petición de continuidad, pues el trabajo escénico en nuestro país necesita de perspectiva de crecimiento y enriquecimiento. Hay variedad, más de un centenar de obras estrenadas y/o llevadas a escena durante el 2014. Hay un mejor panorama, pero ¿ha despegado el teatro peruano? Creemos que, si bien aún este no se da, vamos por buen camino. Financiamiento para creación/producción –como la del CCE que este año nos permitió ver Desde afuera, o las Residencias de la MML-, concursos, festivales, más salas, más público, sí; pero de la mano de investigación, valoración y mirada crítica. De la mano de la necesaria perspectiva histórica, situada en contexto, que nos permita mirar atrás para aprender, mejorar y consolidar lo que venga. Construir sobre lo ya cimentado. Mirada en perspectiva. Factores necesarios para un despegue del teatro peruano. El panorama es, pese a todo, positivo. Veamos qué nos trae el 2015.

[1] Publicación del viernes 26 de diciembre de 2014.

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