Lima Laberinto XXI

Dramaturgia: Darío Facal (España) y Peru Saizprez (Perú)

Dirección: Darío Facal

Adaptación: Milovan Radovic, Pedro Truchado y Darío Facal

Patria Producciones

LIMA LABERINTO XXI - 1“Propuesta nueva y diferente que muestra la perspectiva de nuestra ciudad”. “Adaptación a nuestra coyuntura de una de sus obras más aclamadas [de Facal] Madrid Laberinto XXI”. “Esta es una adaptación del concepto de su obra original Madrid laberinto XXI, reestrenada en dos oportunidades y con permanencia de un año y medio en la escena madrileña”. “Facal, junto al poeta y publicista peruano Peru Saiz Prez, plantean, a través de esta puesta, una radiografía de nuestra vida en la ciudad moderna y sus contradicciones”. Estos son algunos de los enunciados difundidos en los diversos medios de prensa (El Comercio, La República, El Peruano, CC. Británico, etc.) para publicitar la puesta en escena de Lima Laberinto XXI. Se anuncia, además, que “se trata del testimonio de seis actores limeños de diferentes estratos sociales que confiesan sus miedos y sueños a través del humor y la ironía”. La concepción misma de esta propuesta se plantea y define como “novedosa”. En escena, seis actores (Lucía Caravedo, Dante del Águila, Gonzalo Molina, Anaí Padilla, André Silva y Camila Zavala) juegan con un doble estatuto ficcional: pretenden no actuar, sino “estar”, “ser” en escena (poética con la que trabaja Facal). Hablan directamente al público, alejándose de la representación de “un personaje” como tradicionalmente podría esto ser concebido, e interpretan “personajes” llamados como ellos mismos. Se trata, como el mismo dramaturgo y director refiere, de un trabajo actoral que enfatiza en la conexión que estos actores logran con el texto ya escrito, fijo, para apropiarse de él y –creemos- proyectar la ilusión de un discurso testimonial. Con ejecuciones dispares esto no se consigue, pues termina por resultar evidente que están actuando, cuando, se supone, eso es lo que se quiere evitar. Con excepción de Gonzalo Molina y Camila Zavala, quienes consiguen sacar adelante su monólogo con soltura y empatizar inmediatamente con el público.

LIMA LABERINTO XXI - 2collage
Lima Laberinto XXI

Desde nuestra perspectiva, la mayor adaptación que se ha realizado ‒más allá del vídeo introductorio en el que se ven diversos espacios urbanos de la ciudad‒ es la variación de algunos referentes culturales propios de la realidad peruana. Más allá de eso, parece que la puesta ‒como todo montaje de dramaturgia tradicional‒ guarda estrechas semejanzas con la escenificación madrileña (cuyo tráiler podemos ver aquí). Refiere Facal en una entrevista para La República: Esta es una obra literaria con piezas escritas. Lo que sí hay es un intento, y aquí la importancia del casting, de que los textos se acerquen al actor, porque aquí no hay personajes. Entonces, los actores hablan en su nombre. Cuando la estrenamos en Madrid, como madrileños, y aquí ellos, como limeños.” Creemos que no resulta suficiente hablar de “adaptaciones” contextuales: el trabajar con actores peruanos, emplear páginas blancas peruanas en el piso de la escenografía en vez de españolas, etc., y que esta propuesta resultaría impactante ‒como pretende, sin éxito‒ en tanto cumpla con “hablar” desde Lima y para Lima. Siendo un discurso construido fuera –sin intención de caer en patrioterismo- termina por sentirse implantado, falso.

LIMA LABERINTO XXIEn escena, se emplean elementos audiovisuales y proyecciones que tratan de enfatizar el discurso que trata de ser poético, discurso que en vez de eso solo logra ser un tanto efectista y juvenil, incluso ingenuo; como “Tu presencia es importante porque evita tu ausencia”, “Viviríamos en un mundo mejor si tuviésemos grito poético”, “Sobre la imposibilidad de amar en pretérito imperfecto”, “Estamos hechos de la misma materia de los sueños: de palabras”, etc. Estos abren las intervenciones de cada personaje que, como ya referimos, monologan sobre su experiencia con respecto a algún tema mayor, como el amor, la soledad, la necesidad de aceptación, etc. Quizá algunos de los momentos más atractivos visualmente sean aquellos en los que los actores sostienen letreros led, como si el fluir de palabras de estos los atravesaran, imagen elocuente del laberinto interno en el que están inmersos los ciudadanos de las grandes urbes.

Quizá, de los enunciados difundidos en medios, el más certero sea que la obra es “una radiografía a nuestras vidas en una ciudad moderna y contradictoria”. Una radiografía un tanto superficial, que ni siquiera esboza los principales problemas de una ciudad como la nuestra, pero que sí se regocija en lo personal. Tal vez esa sea su única intención. Así, la adición de “Lima” al título de esta propuesta escénica termina por sobrar.

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