Casi Transilvania

De Bárbara Colio

Dirección: Alberto Isola

Asistencia de dirección: Norma Berrade

casitransilvania El cine y el teatro se acoplan en Casi Transilvania, texto de la mexicana Barbara Colio y que, bajo la firme dirección de Alberto Ísola, consigue llevar al espectador a cuestionamientos existenciales sobre la base de la figura del vampirismo que haya su metaforización en la exacerbación de la individualidad principalmente en el mundo actoral – cinematográfico. La búsqueda de reconocimiento, de una forma de trascendencia, es el principal eje sobre el que gira esta propuesta. Julia (Urpi Gibbons) ha escrito un guión sobre un crimen; Hugo (Sergio Llusera), su esposo, la está dirigiendo y pretende terminarla cueste lo que cueste, como la única posibilidad de que su obra lo trascienda, ya que presenta una enfermedad terminal. Una actriz (Tati Alcántara) ejerce todo tipo de desmesurada presión para conseguir un rol protagónico, para que “su nombre salga en los créditos” y la perfecta víctima en medio de todo el conflicto, Francisca (Carolina Barrantes).

casitransilvania2En Casi Transilvania cada escenario -ya sea un café común, un parque, la sala de una casa- deja su “normalidad” para convertirse en un espacio que inquieta. Esto viene dado no solo por la tensión intrínseca que el original texto de Colio posee, sino por los aciertos de dirección de Isola y el certero y minimalista diseño escenográfico, que aprovecha cada espacio de la amplia sala de teatro del ICPNA; todo esto en conjunción con la selección musical y las proyecciones, cual película, pues en esta obra los lenguajes, cinematográficos y teatral, se cruzan, al inicio, de modo desconcertante -en tanto puede parecer forzado- pero después, todo cae por su propio peso y comprendemos que la propuesta tiene como uno de sus principales aciertos el uso multimedia, sin parecer imposición o capricho, sino más bien parte una propuesta global muy bien afiatada. Ironía, melodrama, humor negro: tres elementos que armonizan y hacen de esta puesta en escena, una de las imprescindibles de esta temporada. Adicionalmente, las actuaciones poseen el aura que una obra como esta necesita: destacan la presencia escénica de Urpi Gibbons –que se consigue no solo con su trabajo en el escenario, sino con el vestuario, maquillaje y peinado, que la delinean como una figura imponente dentro de las debilidades propias del personaje; y el trabajo cargado de sencillez y naturalidad de Carolina Barrantes, que le pone freno de modo muy sutil al ritmo vertiginoso que va tomando la obra. Por su parte, Tati Alcántara construye de modo certero la figura de la actriz obsesiva y sin escrúpulos; mientras que, quizá por el peso escénico de los personajes femeninos, el rol de Llusera se percibe como mucho menor, principalmente en intensidad y solidez. El elenco femenino funciona con precisión. Acertada selección del director, pues incluso en los momentos en que se juega con la figura del doble, Barrantes y Alcántara parecen tener rasgos muy similares.

En contraposición al idealismo que la ficción tradicionalmente puede suponer, en Casi Transilvania toda posibilidad idílica se diluye, desdibujando, a su vez, los límites de la ficción: inclusive la dinámica de la cámara y la pantalla nos anuncia que la vida, quizá, es también representación, que todos los personajes “reales” poseen una máscara que solo se cae enn situaciones límite. Que lo más importante, en esta sociedad individualista y solitaria, es ser visto. Perdurar.

 

La escritura es sueño

La tercera persona

Escrita y dirigida por Daniel Dillon

Asistencia de dirección: Tania López

Dirección de arte: Ricardo Delgado

 

Afiche "La tercera persona".
Afiche “La tercera persona”.

Pocas propuestas escénicas sorprenden desde antes de iniciar, estrictamente, la función. En La Tercera Persona el espectador queda desconcertado desde el ingreso a la acogedora sala de la ENSAD, y es que una sobrecogedora blancura frente a nosotros nos envuelve inmediatamente. En esta ficción escénica, realidad y sueño confluyen. La trama -si es que la hay- nos presenta a un joven estudiante de Literatura (Él, rol interpretado por Fito Valles) que vive con Soledad (María Laura Vélez), su tía y la hija de esta, Ximena (Gisella Estrada). El protagonista ha sufrido un accidente que lo ha dejado en estado inconsciente, y es desde su postración, desde su “sueño” que construye y reconstruye una obra de teatro mientras que nosotros, los espectadores, somos testigos de esa articulación onírica. Si bien es importante referir esta “trama” en La tercera persona, lo verdaderamente relevante y sustancial es la experiencia que ofrece una puesta en escena de este tipo. Alejándose de las estructuras tradicionales, Dillon nos reta. Porque en esta obra la palabra sobrepasa las limitaciones -sí, limitaciones- de la acción. Es Él, personaje, quien se escribe a sí mismo y quien escribe para nosotros, a la vez, su particular visión de mundo, cuestionando indirectamente su ser y presencia, haciendo y deshaciendo, mostrándonos lo más profundo de su ser sin llegar a la obviedad, al contrario. Él continúa siendo un enigma para nosotros.

Él (Fito Valles)
Él (Fito Valles).

El espectador, entonces, ve a través de los ojos de Él, por ello la concepción estética se ha empeñado en ser un lienzo en blanco, como bien podría ser la mente de este personaje, en el que aparecen y desaparecen los demás personajes involucrados. Minimalista al 100%, la dirección de arte y diseño de escenografía, a cargo de Ricardo Delgado, potencia y completa visualmente el poder del texto de Dillon. Paredes blancas por las que, con soltura, entran y salen los actores, como si las atravesaran. Mobiliario y escaleras enteramente de acrílico traslúcido, olores y colores empleados estratégica y sutilmente para sugerir y/o complementar algunas acciones. Puesta sensorial. Estamos frente a una muy cercana (si no total) concepción de lo que pasa en la mente de Él, personaje principal, todo tratado con el mayor cuidado posible, haciendo notorio así el trabajo artístico detrás de esa configuración del espacio escénico.

"La tercera persona"
“La tercera persona”

El elenco muestra que ha captado la esencia de lo que se pretende expresar, Fito Valles establece progresivamente conexión con el espectador, ayudando –u obligándonos, quizá- a transitar por su mente que es a la vez lo que vemos en escena. Solventes María L. Vélez, Estrada y Marco Ravines, quien interviene brevemente como el profesor –que luce además, como doctor, sugiriéndonos, quizá, cómo ve Él o lo que significa la figura del docente-. Como todas las propuestas que nos viene ofreciendo la ENSAD, dando cuenta de la calidad de su equipo de producción, de sus egresados que intervienen en las obras y de los demás involucrados, todo aspecto está muy cuidado. La Escuela Superior de Arte Dramático viene realizando una labor importantísima y digna de nuestra atención en la escena local. ¿Qué más decir sobre La tercera persona? Pues que es un montaje que hay que ver, que pocas obras nos ofrecen una experiencia como esta, sensitiva, visual y discursivamente potente. Dillon, creemos, es una de las mentes más interesantes del teatro peruano, La tercera persona lo confirma así.

 

LA TERCERA PERSONA
Actuaciones: Fito Valles / María Laura Vélez / Gisella Estrada / Marco Miguel Ravines
Dirección: Daniel Dillon
Producción ejecutiva: Yuri Cárdenas / Dante Marchino
Producción general: ESCUELA NACIONAL SUPERIOR DE ARTE DRAMÁTICO
DEL 9 DE JUNIO AL 24 DE JULIO
De lunes a jueves 8:00 p.m.
Sala ENSAD
La cabaña - Parque de La Exposición
(Ingreso por la puerta de Av. 28 de Julio con Petit Thouars - Lima)
Venta de entradas en la boletería ENSAD (desde las 6:30 p.m.)
General: S/. 20.00
Estudiantes: S/. 10.00

Las formas del adiós: Trilogía de una despedida

Diego La Hoz

Dirección: Diana Hurtado

Asistencia de dirección: Leo Cubas Ruiz

Espacio Libre

"Carpín Dorado"
“Carpín Dorado”

La agrupación Espacio Libre, después de un 2013 lleno de actividades, inicia este año con el estreno de Trilogía de una despedida, texto compuesto por tres piezas cortas que inciden en temas como el amor y el adiós. Trilogía fue escrita por Diego La Hoz –director del grupo- en el 2010 para los estudiantes del laboratorio teatral de ese año –laboratorio que desde el 2011 se denomina “Libera(c)ciones”-, consolidando así la cercanía entre los participantes del laboratorio y el proceso de escritura. Esta vez, bajo la dirección de Diana Hurtado –estudiante de Artes Escénicas de la Universidad Científica del Sur-, Trilogía de una despedida ve por fin la luz. Como es usual en las funciones de Espacio Libre, en un intercambio de ideas – conversatorio después de la función, logramos saber que la puesta de esta obra se preparó para la muestra final del curso Montaje I de la directora, proceso para el cual convocó al elenco actual -conformado por Alba Leiva, quien ha participado del Taller de Bruno Odar “Dieztalentos”; Vania Duncan, egresada del Taller de Roberto Ángeles; y Santiago Castillo (UCSUR), además, cuenta con música que ha sido compuesta especialmente para la obra por Alvaro Arnáez.

"Caída Libre"
“Caída Libre”

En “Carpín dorado”, el primer cuadro de la Trilogía, vemos a una pareja que atraviesa un difícil momento de desprendimiento, haciendo frente al dolor de la despedida, pero mirando con esperanza el futuro. En “Tiempo cero”, segunda pieza, Alba Leiva da vida a una niña con una gran imaginación y con una estrecha relación con la figura paterna; y en “Caída Libre” –nuestra pieza favorita entre las tres- vemos a Camilo y Alejandra, hermanos con un profundo amor entre sí, pero separados por circunstancias inciertas. El íntimo espacio de la Casa Espacio Libre favorece el ambiente de proximidad y empatía con lo que se ve en escena, por ello creemos que un texto como este –quizá- no funcione del mismo modo en un lugar amplio o en un ambiente abierto. La sala de la Casa suele presentarse como un espacio en blanco, libre, en el que los directores y elenco que se presentan disponen ubicaciones y adaptan / crean modos de emplear el espacio. Vemos entonces que para la puesta de la Trilogía, la directora solo se ayuda de elementos básicos, mínimos, como algunos cubos negros, libros, o una maleta. De acuerdo con cada pieza, el empleo de los accesorios cambia. Con respecto del trabajo actoral, pese a que todos son debutantes, podemos referir que proyectan homogeneidad y compromiso, de modo que logran transmitir esa veracidad necesaria para conmover al espectador.

Con un lenguaje sutil y una escenografía mínima, Trilogía de una despedida emerge como un trabajo conmovedor, que en su simpleza trata temas complejos de forma profundamente conmovedora. Si bien hay aspectos que se pueden mejorar, como la escenografía que ubique en tiempos y espacios diferentes cada pieza; o algunas trabas en la dicción, se trata de un trabajo hecho con honestidad. Porque se nota el esfuerzo y el compromiso. Gran inicio del año para Espacio Libre.

Nota: Un aspecto que se hace necesario anotar es que, si se anuncia que la función es a las 9 de la noche, esta debería –idealmente- iniciar a esa hora. Retrasos amplios no deberían suceder, pues podrían predisponer al espectador a una experiencia poco agradable.

En búsqueda de las certezas. “El Nido de las Palomas”

Dramaturgia: Eduardo Adrianzén

Dirección: Renato Fernández

La Tribu Escena

Afiche "El nido de las palomas".
Afiche “El nido de las palomas”.

En medio del estancamiento y la monotonía de la vida diaria, Raúl (Patricio Villavicencio) consigue una vía de escape: el viaje al extranjero que tanto anhela y que podría significar el inicio de una “nueva vida”; esto no solo en el sentido de re-comenzar en un contexto diferente, sino por la llegada de su primer hijo. Empero, Mónica (Yazmín Londoño), su esposa, se muestra reticente ante la posibilidad del viaje: llena de un temor e inseguridad creciente a medida que la fecha de partida se acerca, busca aferrarse a un punto de partida, a alguna señal de pertenencia y estabilidad. Pero es justamente para conservar su matrimonio y ese equilibrio que debe partir junto a su esposo. Al lado de ellos su amiga Patricia (Isabel Chappell, a quien ya habíamos visto en Daniela Frank. Función Clandestina) -quien habría estado involucrada con Raúl en el pasado-, joven de ideales posmodernos, desafiliados y muy pragmática, ha regresado de Estados Unidos y está también embarazada. Su retorno a Lima -ciudad que parece odiar- se debe, aparentemente, a cuestiones de comodidad en su parto. Conflictuados, los tres buscarán salida a sus problemas y miedos; pero sobre todo buscarán estabilidad, algo verdadero que los arraigue a un lugar real.

El Nido de las palomas habla de la necesidad de pertenencia, de la búsqueda de identidad y de estabilidad; de una verdad a la qué aferrarse para no caer en la evasión. Por un lado Patricia, quien había dejado “el nido” hacía años para labrar su vida en el extranjero en donde encontró las comodidades y posibilidad es que la vida en su país le negaba, de ahí su visión práctica de las cosas que quizá oculte cierta desesperanza, ve con resignación el presente y la idea de “el Perú”; mientras que la joven pareja de esposos se sumerge en una crisis ante la inminencia de la partida y la incertidumbre ante la llegada de su primer hijo -además de la simbólica preocupación de Mónica por las palomas que han instalado su nido en el alero de su departamento, que de seguro habrían  de ser desalojadas por los nuevos inquilinos-. Dejar y construir un nuevo nido, aferrarse a las raíces, conservar lazos, desligarse, pero por sobre todo buscar la verdad.

El nido de las palomas de Eduardo Adrianzén es un texto sencillo con un conflicto claro, complementado armoniosamente con textos del poeta Juan de la Fuente, que incide también en la sensibilidad de la mujer embarazada, alejándose del estereotipo de la maternidad y enfocándose en el modo de sentir de la mujer en sí y de cómo cambian -o se mantienen- sus perspectivas ante la vida bajo el matiz de la maternidad. Un montaje dirigido de modo certero, que potencia las capacidades de los actores, en el que las acciones salen adelante con naturalidad y ligereza, pero sin perder el tono reflexivo e invocador de la obra. Completan El nido de las palomas un preciso acompañamiento musical y un manejo correcto de la iluminación, que define y diferencia espacios y momentos en la puesta. Mención aparte para el desenvolvimiento natural de las actrices con la falsa barriga y para la cuidada escenografía, con sogas y retazos de tela que enmarcaban el escenario y que aludían, quizá, a esos trozos de los que se va armando y desarmando el nido, o a los lazos que poco a poco se diluyen en la evasión y la desafiliación.

Cuando un grupo de teatro hace teatro de grupo en el Perú: Espacio Libre

Cuando a fines del año pasado Espacio Libre abrió su casa de Barranco sabíamos que algo interesante estaba gestándose. Cuando pudimos conocer su trabajo de cerca, lo confirmamos. La serie de actividades que se propician ahí son elocuentes por sí mismas y dan cuenta de su sólida formación como agrupación y de su compromiso con el teatro peruano, con la creación. Siempre me ha gustado pensar -uso ahora la primera persona- a la acogedora casa de Espacio Libre como un “lienzo en blanco”; siempre dispuesta a creadores con interés en mostrar sus propuestas y a debatir/aprender acerca de la condición actual del teatro en el Perú. Espacio libre es, como su nombre lo hace evidente, un lugar abierto al espectador, a la convivencia, al aprendizaje y a la discusión.

A inicios de este año fueron sede del primer encuentro de Nuevos Creadores Teatrales en el que el cuestionamiento -siempre hay algo que cuestionar y, como pocos, esto Espacio Libre lo tiene clarísimo- anunciaba:

¿Y dónde está el Perú? ¿Avanza el teatro? Hay más salas teatrales y más temporadas para renombrados directores, grandes productoras y apadrinados debutantes de nuevas élites. Esta es nuestra respuesta en medio de esta interrogante que nos genera más cuestionamientos.

En ese primer encuentro pudimos ver Paréntesis, dramaturgia y dirección de Diego la Hoz; Como si fuera esta noche, de Gracia Morales y dirigida por Diana Hurtado; Así nació este tondero, de Robert Mesías; y La Máquina de Muñequitos, conmovedora y reflexiva puesta de Jorge Bazalar. Cerró con el conversatorio “Teatro y educación: ¿Se puede aprender teatro?”

Celebramos este mes de julio los 14 años de labor ininterrumpida de la agrupación conducida por Diego La Hoz -14 años no son poca cosa, sobre todo en una escena como la limeña- y confiamos en los años venideros, en la consolidación de su trabajo y en la confirmación de lo valioso de su aporte al teatro peruano. Compromiso, cuestionamiento y trabajo de investigación son más que necesarios en la actualidad. Cuando le preguntamos a Diego qué significa para Espacio Libre cumplir 14 años de labor de grupo, nos comentó:

Significa “resisitir”. Hacer posible un sueño para toda la vida. Una experiencia convivial que permita el encuentro con el otro, con el diferente. Aportar al desarrollo del teatro peruano, sobre todo al de las nuevas generaciones que se sienten poco representadas por el teatro de nuestra cartelera. Hacer teatro de grupo en el Perú es un manifiesto a la solidaridad y a la reivindicación del presente. Se trata de pensar nuestra práctica aquí y ahora.

En una época en la que parece que la desvinculacón es la mayor característica, el trabajo de Espacio Libre nos invoca al anclaje, al vínculo, a la solidaridad; pero también a la discusión y al aprendizaje. Por eso creemos que sí, que hacer teatro de grupo en el Perú es, sobre todo, resistir. La celebración de aniversario viene con una serie de actividades que no vale la pena perderse: ha iniciado un taller de voz a cargo del grupo ecuatoriano Puertas Invisibles (12, 13 y 14 de julio), quienes también presentarán La Soledad de las Luciérnagas, dirigida por Arístides Vargas; se estrenará también la polémica y emblemática obra Cuando el día viene mudo dirigida por Miguel Torres (ENSAD) y El Otro aplauso, de Espacio Libre; quienes asumen un nuevo reto escénico con una obra que hablade dos actores en gira que se encuentran en el lugar más solo de un país parecido al nuestro. Se preparan para actuar. El público no llega. En el pueblo han matado a un policía a sangre fría. El guardián del teatro espera confiado mientras come mandarinas. Se oyen disparos. La función no empieza. Sin embargo, la duda y la esperanza se encargan de abrir el telón de una historia donde no existen los aplausos.

Programación 14 aniversario.
Programación 14 aniversario.

"La soledad de las luciérnagas"
“La soledad de las luciérnagas”
"El otro aplauso"
“El Otro aplauso”

 

Cabe resaltar que esta celebración de aniversario es la antesala del Cuarto Encuentro del Barranco – Teatro (In) Visible que se realizará en el mes de setiembre y que contará con la presencia de los grupos argentinos La Cordura del Copete y El Baldío.

 

DATOS GENERALES

Taller de Voz (Puentes Invisibles) 12, 13 y 14 de julio

La Soledad de las Luciérnagas (Puentes Invisibles) 18 y 19 de julio

El Otro aplauso (Espacio Libre) 25 y 26 de julio

Cuando el día viene mudo (ENSAD) 1 y 2 de agosto

Casa Espacio Libre: Bolognesi 802 – Barranco (Alt. Estación Balta del Metropolitano)

Informes y reservas al 247-6346 o espaciolibreteatro@gmail.com

 

¿Será que acaso todos tenemos algo de Diego Díaz? ¿Qué hiciste DIEGO DÍAZ?

Dramaturgia y dirección: Cristian Lévano

WINARAY Teatro

Afiche "¿Qué hiciste Diego Díaz?"
Afiche “¿Qué hiciste Diego Díaz?”

Diego Díaz es un tipo normal, común y corriente, nada fuera de lo extraordinario. Y es quizá por eso que uno empatiza casi inmediatamente con él. Interesado desde niño en el teatro, hará lo que sea por hacer realidad su más grande anhelo: ser un hombre teatro importante y reconocido. Así que para ello decide escribir y poner en escena su propia obra, que tratará de su vida y de sus infortunios -la ilusión de ser actor, contrastada con la falta de talento; el desprecio de su familia hacia la carrera que quería seguir; su intento por entrar “por primera vez” a ver una obra de teatro, etc.-. Ayudado en escena por sus personajes “Alguien” y “Otro”, Diego nos cuenta sus breves tragedias personales y qué ha hecho para hacerles frente. En adición, la obra -que juega un tanto con los tiempos, llevándonos a la niñez del buen Diego, o a su adolescencia- está matizada por el humor: no solo por la risa que causan algunas situaciones de la vida del personaje, o por las ágiles interacciones entre “Alguien” y “Otro” entre ellos y también con el espectador; sino por un humor crítico con el mundo del teatro en particular, un humor negro bien logrado en base a la ironía.

María Fernanda Valera, Sergio Velarde y Rod Díaz.
María Fernanda Valera, Sergio Velarde y Rod Díaz.

El rol principal recae en Sergio Velarde, encargado de dar vida al pobre y simple Diego; a nuestro parecer, con la naturalidad pertinente para caracterizar a un tipo común, con muchos anhelos pero con poco talento. Eso sí, algunas escenas -sobre todo en las que interactúa con el público- podrían ser menos forzadas, pues es ahí precisamente donde deja de apreciarse la naturalidad del personaje. Son sus acompañantes los que están concebidos para destacar, no solo por la estrafalaria vestimenta que llevan, sino por su despliegue de energía que no decae a lo largo del montaje; María Fernanda Valera y Rod Díaz Sánchez ejecutan coreografías con precisión y solvencia. Si bien son “Alguien” y “Otro”, van desarrollando también roles diversos, para retratar pasajes de la vida de Diego; así, los vemos ser conductores de televisión, familiares de Diego, personal de seguridad, etc., y todos estos cambios de perfil se dan con una notable fluidez. Empero, debemos mencionar algunos errores de dicción de Rod Díaz, que de seguro serán corregidos en las siguientes funciones; y lo que a nuestro parecer fue un preámbulo innecesariamente extenso en la “búsqueda del inicio”.

Con los objetos precisos para el desarrollo de la obra y una iluminación precisa; además de la acertada coordinación del sonido con las acciones -que hace aún más ágil la puesta-, “¿Qué hiciste Diego Díaz?” se emerge como una propuesta divertida y cuestionadora en su risa, que revela el trabajo detrás de este producto final. Tan divertida que el tiempo se pasa sin darnos cuenta, pero con algo de tristeza por la mala suerte de Diego Díaz, un anónimo de quien quizá todos tengamos algo.

“El Ornitorrinco” o la naturaleza del amor en la posmodernidad

Dramaturgia: Humberto Robles

Dirección: Manuel Trujillo López Haya

Asistencia de dirección: Stephanie Enriquez

Producción General: La Fuente de Castalia

"El Ornitorrinco"
“El Ornitorrinco”

Descubierto a principios del siglo XIX, en un inicio inclasificable, un ornitorrinco tiene un aspecto que llevó a los intelectuales de la época a no determinar una definición exacta. Sus características hacían casi imposible su clasificación: no se sabía si era un reptil, un mamífero o incluso un ave. Es casi un siglo después que se llega a la conclusión que se trata de un mamífero y a la vez, un ovíparo. La propuesta escénica de Manuel Trujillo nos permite recorrer el texto de Robles -en el que se incluyen explicaciones acerca de este extraño animal en la apertura de cada escena- como una metáfora del proceso de descubrimiento y definición de la naturaleza de aquel extraño animal: Ana (María del Carmen Sirvas), joven esquemática y conservadora que redacta su tesis sobre los ornitorrincos; y Paco (Ernesto Ballardo) son una pareja de treintañeros que ha permanecido juntos durante más de cinco años, pero su rutina de convivencia estable se ve trastocada por los cuestionamientos de él acerca de la monogamia y la naturaleza de las relaciones afectivas. Esto los hace dudar y desconfiar del otro, a la vez que, posteriormente, los lleva a descubrir aspectos de sí mismos que los pone en conflicto y mella su relación. Para complicar más la situación intervendrá de un particular modo David (Marco Antonio Huachaca), amigo cercano de Paco, terminando él también imbuido en un enfrentamiento que lo colocará como victimario y víctima a la vez.

Con una escenografía sencilla y con la participación activa en escena de quien se encarga de la música tocando una guitarra en momentos precisos de la obra -lo cual dinamiza y hace ligera la tensión en  algunos momentos de la obra-, “El Ornitorrinco” emerge como una ágil comedia que no solo apela a la risa para “causar gracia”, sino para a través de ella y las situaciones que la generan  cuestionar el modo de amar en estos tiempos en los que todo es relativo y en los que la indefinición caracteriza diversos aspectos de las relaciones humanas; invitando también al espectador a reflexionar acerca de la complejidad de la psique humana y a cuestionar el esquema conservador presente aún en la sociedad.

Marco Antonio Huachaca, Ernesto Ballardo y María del Carmen Sirvas.
Marco Antonio Huachaca, Ernesto Ballardo y María del Carmen Sirvas.

Se trata de una ligera comedia -muy posmoderna en el planteamiento del conflicto- que se desarrolla de modo fluido. Destacamos particularmente el trabajo de María del Carmen Sirvas con su personaje; que transita con naturalidad entre la ingenuidad, la histeria, el desconcierto, la culpa, la desesperación y la superación del problema. Pese a algunos traspiés del elenco en la enunciación del texto y cierta imprecisión en el manejo de las luces; consideramos que se trata de una propuesta acertada, con un buen manejo de las transiciones entre escena y escena y que, además, naturaliza  -con la asesoría en dramaturgia de Daniel Amaru Silva- la variación con respecto del cierre que propone el texto dramático. La imagen del ornitorrinco funciona además como metáfora en dos niveles: el del descubrimiento y la definición de la naturaleza de las relaciones humanas -como cuando aparece el animal y no se sabía qué era- ; y como reflejo de en lo que una relación indefinida, mezclada, “hecha de diferentes partes” -como el ornitorrinco que posee pico, patas y garras- puede resultar.