Chico encuentra chica

Dirección: David Carrillo

Asistencia de dirección: Alejandra Borouncle

Dramaturgia: Rebecca Gilman

"Chico encuentra chica"
“Chico encuentra chica”

Plan 9 inicia sus estrenos del 2015 con buen pie, trayendo a escena ya no una comedia ‒género que David Carrillo maneja muy bien‒ sino un thriller que inicia con cierto tono cómico, para luego envolver al espectador en el suspenso y que trae consigo un fuerte discurso crítico y cuestionador sobre los roles de género y la sexualidad en una sociedad eminentemente patriarcal. Chico encuentra chica es así, una obra con un discurso claro y cuestionador, muy pertinente en nuestro contexto. En la obra, Teresa (Gisela Ponce de León) es una joven profesional que ejerce el periodismo y que, casi a regañadientes, ha aceptado ir a una cita a ciegas arreglada por una amiga. En la cita conoce a Toño (Sergio Gjurinovic), un tímido ingeniero de sistemas que se empeña en caerle bien, revelando solo nerviosismo y cierta necesidad de continuar en contacto con ella. Tienen una cita más –ante la insistencia de Toño‒ y en esta Teresa anuncia su decisión de no seguir en contacto con él, excusándose, manifestando principalmente que sus ocupaciones laborales le impiden sacar adelante una relación. Desde ahí todo irá cuesta abajo. El tono cómico que la interacción de esta “pareja” impone, se convierte bruscamente y nos damos cuenta de que algo serio está pasando: ella empieza a ser asediada y acosada por el simpático Toño, situación que la llevará a vivir bajo la angustia y el miedo, y la obligará a cambiar su ritmo de vida por completo.

Gisela Ponce de León y Sergio Gjurinovic
Gisela Ponce de León y Sergio Gjurinovic

Uno de los aspectos determinantes en Chico encuentra chica es la construcción de Teresa como una chica fuerte e independiente, lo cual hace que su caída sea aún más impactante. Toño aparece en escena solamente durante la primera mitad de la obra ‒incluso menos‒, en la que se ha presentado como un chico simpático, sin sospechas de una personalidad obsesiva. Esta ausencia física termina por potenciar el miedo: la presencia opresora no se deja ver físicamente, pero está ahí. Intervienen también en el montaje David Carrillo, como el jefe de la protagonista; Raúl Sánchez, como un compañero cercano de trabajo ‒estas figuras masculinas protegen a Teresa y ellos mismos se cuestionan acerca del modo tradicional y casi impuesto socialmente de tratar a las mujeres‒; Varquiria Huerta, como la secretaria “tonta” quien parece sobrellevar con cierto goce la violencia diaria hacia la mujer y que sin pensarlo siquiera agrava la situación de Teresa; Carol Hernández, como la policía que trata de cerca el caso de la protagonista con mecanicidad y dureza al inicio, pero con empatía y comprensión después ‒ambas contrastan con la figura de la protagonista‒; y Ricky Tosso, como un famoso fotógrafo de mujeres desnudas, cuya presencia aligera en cierta medida la carga dramática. En general, el elenco consigue sacar adelante la obra con soltura y precisión; sin embargo, siendo Gisela Ponce de León la protagonista, consideramos que quien consigue brillar es Gjurinovic, a quien todo, absolutamente todo, le funciona en escena: hasta el sudor nervioso. Quizá nos impacte en menor medida el trabajo de Ponce de León al haberla visto recientemente en un papel que guarda algunas similitudes con el que desarrolla en la puesta que nos ocupa. Nos referimos a su rol como Julia en Sobre Lobos. En ese sentido, consideramos que la actriz se repite, no por la incapacidad de profundizar en una interpretación diferente, sino por las ineludibles semejanzas entre ambos personajes.

Algunas de las escenas más logradas, desde nuestra perspectiva, son el enfrentamiento entre Toño y Teresa en la oficina de esta última, en el que la presión va claramente en aumento; aquella en la que la protagonista en su departamento teme por su integridad, sintiendo ser observada ‒mientras que vemos la silueta de Gjurinovic a través de una pared enmallada, traslúcida‒. Chico encuentra chica consigue tensionar al público espectador, replicar la sensación de indefensión y miedo. La escenografía parece estar dispuesta sobre la base escenográfica de la obra anterior que se presentó en esta sala: Un fraude epistolar. Así, está dividida en dos espacios diferenciados: la oficina de Teresa y la sala de su departamento. El diseño ‒muy realista‒ corresponde a Marijú Nuñez Malachowski, cumple con retratar los espacios en los que, principalmente, las acciones transcurren. La iluminación ‒a cargo de Iván Reyes‒ completa diferenciación de espacios y aporta a la intensificación de los momentos más tensos. Por su parte, la musicalización aporta agilidad a las transiciones entre escena y escena.

Chico encuentra chica ‒estrenada originalmente en el 2010, en Chicago‒ “peruanizada” certeramente por David Carrillo, es más que pertinente en un contexto como el nuestro, en el que la cosificación de la mujer y la violencia es cosa de todos los días. Plan 9 demuestra una vez más que entretener no solo es posible mediante comedias de desempeño aceptable y temática ligera, sino que el entretenimiento también es posible al generar reflexión, al cuestionar.

 

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MUESTRA. La revista de los autores de teatro peruanos.

El día sábado 28 de febrero en el Club de Teatro de Lima se presentó el número 25 de la revista MUESTRA. Esta, fundada por Sara Joffré en el 2000, quien el año pasado organizara una reunión para “despedir” a la revista,  “cerró” su ciclo con el núm. 24 (2013), en cuyo editorial se declaraba: “Y llegó el esperado número 24 de MUESTRA en el cual teníamos la pretensión de volver a dejar la posta a gente más joven para la edición”, sin esperanza aún de que esto fuera posible: “[…] solo han aumentado nuestros fans y colaboradores pero no hay reemplazo total”.

Gracias a Jamil Luzuriaga, Ricardo Olivares, César Vera, Christian Saldívar, Eder Guarda y Bertha Ávila -quienes integran el Comité Editorial- MUESTRA ha regresado. El número 25 trae consigo dos obras: Casa de naipes, de Rocío Limo Vélez y Carne de mujeres, de Paco Caparó; además de una entrevista a Daniel Amaru Silva en la sección “Rincón de autor”. Completan esta edición las “Veintidós preguntas al teatro peruano” de Ernesto Ráez, que los editores plantean responder en cada número. En este responden a “¿Quién, a inicios de la década de los sesenta, llegó al teatro peruano y muy joven estrenó dos obras de estilo personalísimo: En el jardín de Mónica y Cuento alrededor de un círculo de espuma?” con un artículo que publicara Ciro Alegría en 1962.

 

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No podemos más que elogiar esta iniciativa. Necesaria, vital y saludable para el crecimiento de la dramaturgia peruana. Nuestras felicitaciones a los nuevos responsables de MUESTRA; ¡alas y buen viento!

 

Para información sobre la revista, escribir a re.muestra@gmail.com o visitar su página de facebook aquí.

 

El alma buena de Szechuán

De Bertolt Brecht

Traducción: Miguel Sáenz

Dirigida por Urpi Gibbons

Asistencia de dirección: Julia Thays

Teatro de la Universidad Católica (TUC) – Especialidad de Teatro de la Facultad de Artes Escénicas

"El alma buena de Szechuán"
“El alma buena de Szechuán”

El alma buena de Szechuán, llevada a escena por alumnos del último ciclo de la Especialidad de Teatro de la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP bajo la dirección de su también profesora Urpi Gibbons, es una obra acerca del bien y el mal y la (im)posibilidad de hacer lo humanamente correcto en un mundo en el que la inocencia y generosidad terminan por estorbar. El argumento es conocido: tres dioses (Gabriella Paredes –cuya presencia escénica llama la atención desde su aparición-, Rodrigo Rodríguez y Lola Santillana) visitan la tierra con el objetivo de comprobar si todavía existe al menos un alma buena en ella. Al llegar, solo una persona admite recibirlos y les brinda alojamiento: la joven prostituta Shen-té. En agradecimiento, ellos le dejan una suma de dinero y el encargo de seguir haciendo el bien. Para lograrlo sin ser destruida en el intento, Shen-té deberá hacer uso de su ingenio, “trayendo” así a Shui-ta. La directora trabaja con dieciséis actores, quienes en todo momento se desenvuelven con energía pese a la complejidad que supone llevar a escena un texto de Brecht, en una propuesta que respeta los lineamientos más básicos del distanciamiento brechtiano. Sin embargo, son otros los aspectos que llamaron nuestra atención; como algunos errores en la dicción y la equivocación al “sacar” uno de los carteles al inicio de la obra, sobre todo teniendo en cuenta que asistimos a la antepenúltima función (sábado 28 de febrero), etapa en la que, consideramos, las imprecisiones deberían ser mínimas.

Los dioses: Gabriella Paredes, Rodrigo Rodríguez y Lola Santillana.
Los dioses: Gabriella Paredes, Rodrigo Rodríguez y Lola Santillana.

Las actuaciones logran desarrollarse con una regular solvencia a lo largo de las dos horas y media que se extiende El alma buena de Szechuán, empero, durante algunas escenas la estridencia se torna incómoda: Wang, el aguatero (rol interpretado por Graziapaz Enciso) parece gritar todo el tiempo. Mencionar a este personaje nos permite, también, referirnos a la estética de esta propuesta, que se presenta como urbana, con la caracterización del aguatero a modo de “rapero”, -que, valga la redundancia, rapea en momentos clave- por ejemplo, o con la del barbero Shu Fú (Martín Reyna), muy “faite”. Se incluye después música criolla e instrumentos afroperuanos durante la fallida celebración de boda de la protagonista. Así, no parece primar una línea estética, sino más bien la mezcla. Sobre esta puesta en escena, afirma la directora en una nota que apareció en el diario El Comercio, “la obra está hecha para que una actriz interprete el rol de un hombre. Pero venía trabajando con dos estudiantes muy distintas (Paula Zuzunaga y Verónica Ríos). […] una hacía de Shen-té y la otra interpretaba a Shui-ta. Luego me di cuenta de que ambas expresaban la dualidad dentro de uno mismo. Por eso empecé a mezclarlas, a jugar[1]”. Decisión que, desde nuestra perspectiva, anula el efecto de desdoblamiento de Shen-té en Shui-ta, la necesidad de dejar de lado la bondad –pues esta solo le trae desgracias- para recurrir al lado astuto, práctico y eficiente. El trabajar con dos actrices, incluso en cierta medida, parece facilitar el ejercicio interpretativo: ambas sacan adelante el rol, el peso se reparte entre ellas y no recae sobre ninguna en ningún momento de la obra.

La escenografía (que incluye el puente metálico diseñado para Casa Ajena por Marcello Rivera) logra ser funcional durante la coreografía de La Fábrica (que contó con la asesoría de Sachiko Fullita), una de las escenas que destacamos en El alma buena de Szechuán, obra de autor imprescindible, con la que este grupo de actores inicia su carrera profesional y con la que Gibbons debuta como directora.

 

[1] Planas, Enrique. “Almas benditas en un mundo cruel”. En El Comercio, sábado 14 de febrero de 2015.

Vida de miel

Creación colectiva de Panparamayo Teatro

Dirección: Marco Otoya

"Vida de miel"
“Vida de miel”

Vida de miel, el más reciente trabajo de Panparamayo (en actividad desde el 2010), se configura como una propuesta de creación colectiva conformada por varios cuadros que, según se anuncia en el programa de mano, surgen de la imaginación de un músico conflictuado, como forma de liberar frustraciones en una canción que, presumiblemente, estaría inspirada por los referidos episodios que se aprecian en escena. Con un marcado carácter fragmentario –que bien podría funcionar de modo elocuente, ya que se trata de evocaciones introspectivas e incluso oníricas- las acciones deberían percibirse con cierta sincronía interna, conectadas mediante las intervenciones del músico (“Loko” Pérez, quien además compone específicamente para Vida de miel) quien debería cumplir el rol de “hilo conductor”; sin embargo esto no sucede. La propuesta no termina de aterrizar y he ahí el principal impase de Vida de miel. Ante esta falla estructural, poco pueden hacer las comprometidas ejecuciones de los intérpretes escénicos (Mario Ballón, Moyra Silva, Sandro La Torre y Bruno Ocampo). La intervención del músico parece ser no más que un factor anecdótico, perdiendo la relevancia simbólica que, consideramos, el propio argumento impone.

"Vida de miel"
“Vida de miel”

De acuerdo con las declaraciones del director a El Teatro de mi vida, Vida de miel es producto de un trabajo de exploración/creación de aproximadamente 7 meses, periodo en el que –con los obstáculos y la complejidad que la creación colectiva supone- el proyecto atraviesa por diversas etapas, estancándose incluso, para luego tomar la forma final, que conserva la idea de crear desde el modo en que cada miembro del colectivo percibe la violencia en sociedad. El título juega así con el ideal de tranquilidad, esa falsa promesa de la “vida de miel” que solo genera frustración al confrontar ese ideal con la realidad. Destaca de entre los cuadros aquel sobre el programa concurso (tópico muy empleado en creaciones recientes) por ser el que consigue de modo efectivo “mostrar” el poder mediático de la televisión y cómo esta, con favor del participante, del público y de quien conduce, consigue degradar al ser humano. Uno de los aciertos de esta propuesta es que, dado que cada actor interpreta diversos personajes, la indumentaria con la que se presentan inicialmente no busca caracterizarlos: será a medida que la puesta en escena avance que veremos cómo se componen/descomponen de acuerdo a su rol momentáneo. Otro elemento a destacar es la iluminación (a cargo de Leonor Estrada), que ambienta con certeza cada cuadro.

Vida de miel parece dar cuenta de un proceso inacabado, de un trabajo en construcción; interesante por lo que ofrece, mas no elocuente por sí mismo.

Electra: La jaula de las leonas

Escrita por Claret Quea

Dirigida por Daniel Cano

Dirección adjunta: Mayra Barraza y Maricarmen Gutiérrez

Camila Abufom en "Electra: La jaula de las leonas"
Camila Abufom en “Electra: La jaula de las leonas”

Repuesta en el marco del Festival Saliendo de la Caja e indudablemente inspirada en el referente griego (Electra, de Sófocles o La Orestiada, de Esquilo) y puesta en diálogo con la realidad peruana (con casos “famosos” como el de Eva Bracamonte Fefer), Electra: La jaula de las leonas de Claret Quea –cuyo trabajo como actor ya conocíamos- bajo la dirección de Daniel Cano, pretende ser una mirada aguda, crítica y consciente sobre nuestro contexto más inmediato: el apogeo de la mediatización, la farandulización de la sociedad y la manipulación de información por los medios masivos de comunicación; que se enmarca dentro de la idea de que todo se ha espectacularizado. Si bien consideramos que se trata de una obra que a nivel dramatúrgico presenta algunos problemas (repetición y abundancia de metáforas poco favorables al desarrollo de la acción y que incluso “suenan” forzadas dada la línea de los personajes), no deja de ser interesante a nivel de propuesta escénica. Plantea, desde el inicio –independientemente de que este planteamiento sea efectivo o no- la inmersión del espectador en la lógica del “reality”, desde la cómica “intimidación” que pretenden ejercer dos “vigilantes” en la entrada de la sala que obligan a entrar en ella con celulares apagados; hasta la transformación del escenario en un set de televisión con los espectadores como “público en vivo”. Este parece ser un tema y recurso cada vez más empleado en la dramaturgia última; recordamos casos menos “literales”, como Cómo crecen los árboles, de Eduardo Adrianzén o más lúdicos, como Power Off, creación colectiva con dramaturgia de D. Amaru Silva; síntoma de la conciencia y necesidad de cuestionar la forma en que los medios de comunicación y programas televisivos, específicamente, van modelando e influyendo de modo negativo en la percepción de la realidad del público. Particularmente, consideramos que la estrategia en Electra: La jaula de las leonas se agota rápidamente y se torna predecible, llegando rápidamente a su pico máximo y bajando la intensidad abruptamente; pese a esto, no deja de ser entretenida y causar una confusa –e incluso cínica- risa en el espectador.

"Electra: La jaula de las leonas"
“Electra: La jaula de las leonas”

La protagonista -rol ejecutado con cierta exageración por Camila Abufom- es Electra Pizarro, joven que tenía una conflictiva relación con su madre, purga condena por el asesinato de su padre, Agamenón Pizarro, famoso personaje político, recibe de improvisto la visita de su hermano Orestes (Claret Quea), personaje público que antes la acusó del crimen, quien le indica que ahora ya sabe la verdad, y le propone hacerla pública mediante un show televisivo para hacer justicia. Electra, dadas las circunstancias, siente repulsión ante la idea y la rechaza, sin saber que Orestes ya tiene un acuerdo con los medios y con la carcelera (Anaí Padilla) y que el show ya está instaurado. La escenografía (a cargo de Raúl Arróspide y Leonor Estrada) presenta como mayor debilidad la fragilidad de los exteriores de la pequeña celda, que no conducen a retratar la sensación de encierro de la protagonista, que comparte aquel metro cuadrado con Esther (Vanessa Geldres, quien pese a adoptar una postura corporal tosca y una actitud ciertamente “faite”, no termina de ser convincente) –con quien parece sostener una relación homosexual-. Adicionalmente, el programa de mano incluye un extracto de Foucault sobre el Panóptico y las formas de control social, texto que, leído en momentos previos al inicio de la función, parecía intentar situarnos frente a aquella atmósfera de tensión, bajo un “ojo” que lo observa todo, sin embargo, este intento es fallido, pues como referimos, el encierro físico de la protagonista no se traduce en sensación en el espectador. La obra alcanza su mejor momento en el quiebre, el cambio que quita la celda y transforma el escenario en un set de televisión, espacio en el que “emitirá” el reality “La jaula de las leonas” (cuyo logo tiene una sugerente forma de ojo), conducido por la Oficial Pardo (rol que Padilla realiza con mayor soltura) y con un staff que sumerge al público en la dinámica del programa de televisión. A partir de ahí, las revelaciones son predecibles –el arrepentimiento de Orestes y su consecuente suicidio “frente a cámaras”, el cambio en la disposición de Electra a ser parte del show-, como si el llegar a ese giro fundamental en la trama hubiera agotado las posibilidades que esta nueva situación abría. Quizá el alcanzar ese pico de intensidad abruptamente haya dejado sin posibilidades a lo siguiente, cayendo en un punto neutro, en un grado cero poco favorable para el dinamismo intrínseco a esta segunda mitad de la propuesta. De esta segunda mitad de la obra sí debemos destacar la escenografía del set televisivo y la incursión y realización de los muñecos, así como la proyección de los videos que completaban el sentido de la situación, dando el toque “documental” necesario dentro del pacto de ficción.

La propuesta, como mencionamos al inicio de nuestra reseña crítica, no deja de ser interesante y aporta al necesario cuestionamiento sobre la influencia de la prensa en la sociedad, además de indagar –así sea de modo superficial- en la mentalidad femenina y la figura que de la mujer se exhibe en los medios de comunicación; pero quizá peca de abarcadora: demasiados temas y aristas de interpretación confluyen, tal vez ese sea el motivo de por qué la intensidad decae, se disuelve. Además, resulta interesante que continúe con una línea escénica y temática que, creemos, puede convertirse en una constante.

Sobre el teatro peruano en el 2014

Gabriela L. Javier Caballero

Los balances: Caretas, Perú.21, El Comercio

La escena limeña continúa creciendo, de ello no nos cabe duda, sin embargo, al realizar un recuento, balance y repaso por las propuestas escénicas del 2014 -y también por los artículos y entrevistas publicados por los medios de comunicación con mayor visibilidad- nos asalta la pregunta: ¿qué es necesario, qué hace falta para un verdadero “despegue” del teatro peruano? Primero, se hace necesaria una aclaración: cuando nos referimos al teatro peruano lo hacemos al teatro que se hace en el Perú, ya sea de autor nacional o extranjero. Evidentemente, no podemos verlo todo, nuestra mirada se centra sobre la ciudad de Lima.

La revista Caretas, sin problematizar el estado del teatro hecho en el Perú, realiza un recuento titulado “2014: Un año feroz”, que abre afirmando: “El año que pasó dejó una serie de montajes con una herida central en común: la Guerra Interna. Destacó, así, La Cautiva (…) [y] Cómo crecen los árboles”, artículo que hace un repaso por los montajes de las salas más importantes y con mayor visibilidad de nuestra ciudad. En La República, firmado por Estefany Barrientos, encontramos un repaso similar –con una mirada más amplia, eso sí- que cuenta con el plus de anunciar algunos estrenos y reestrenos para el 2015, además de enfatizar en la aparición de “nuevos autores que ganaron concursos y pudieron ver en escena sus textos”. Importante que se reconozca que “Detrás de este nuevo panorama para la escena teatral, están, por supuesto, proyectos como el de La Plaza, los concursos de dramaturgia del Teatro Británico y del Ministerio de Cultura. Pero también están agrupaciones teatrales que apostaron cuando el panorama para el teatro no era el más alentador en general.” (Énfasis nuestro).

Por su parte, Alonso Alegría resalta –en la página cultural de Perú.21[1]– lo que él denomina un “boom” de la dramaturgia peruana, ya que “digan lo que digan los aguafiestas (…) la dramaturgia ahorita está mejor que nunca”, gracias a los concursos alientan y premian el surgimiento de nuevos autores; como Sala de Parto (La Plaza), Ponemos tu obra en escena (El Británico) y, más recientemente, el Concurso Nacional “Nueva Dramaturgia Peruana” (Ministerio de Cultura). En su texto no deja de mencionar a su Vivero de dramaturgia y a uno de sus más célebres egresados, Daniel Amaru Silva, autor que este año obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional de Dramaturgia –reconocimiento que lo reafirma como uno de los dramaturgos más interesantes de nuestra época- y que estrenó Presunto Culpable con gran aceptación y buenos comentarios, no solo para el autor, sino también para los actores (Gabriel González y Carlos Acosta) y director (Rodrigo Chávez). Alegría, respetado hombre de teatro, consigna una lista de “La mejor dramaturgia de 2014”, en la que incluye las siguientes obras: Criadero, de Mariana de Althaus; Katrina Kunetzova y el clítoris gigante, de Patricia Romero; El sistema solar, de De Althaus; Sobre Lobos, de Mariana Silva Yrigoyen y La cautiva, de Luis Alberto León. No deja de resultar curioso que dos de las cinco obras referidas en su listado de lo más destacado de autor peruano en el 2014 no sean estrenos de dicho año, sino de años pasados. ¿Será que “ganaron” por walkover? Si fue así, entonces, ¿hay un “boom” realmente?

El Comercio, bajo la pluma de Enrique Planas, presentó un balance de fin de año titulado “Un año dramático” en el que reconoce que “Como tendencia, este año el drama se impuso a la comedia, mientras que la dramaturgia nacional mostró notable diversidad”. Para realizar este balance reconoció que “al hablar de la escena teatral, el esfuerzo de una sola persona para reseñar y ponderar todos los estrenos del año se ha convertido en una tarea casi imposible” convocó a la directora y actriz Marisol Palacios, al actor y autor Alfonso Santisteban, al crítico de teatro Sergio Velarde (que dirige El Oficio Crítico) y a Juan Carlos Adrianzén, coordinador y programador del Gran Teatro Nacional, además de ser uno de los editores de la revista La Lupe. Puro teatro. Pura danza. Se registra, así, una nutrida conversación entre los cuatro especialistas que “más allá de los logros, notan la ausencia de crítica, de infraestructura y de identidad gremial”, tocando temas como el florecimiento de la dramaturgia local, el aumento de la oferta teatral, afirmando la necesidad de captar más público, pero también la de más salas; entre otros interesantes puntos como los temas más recurrentes, las tendencias y nuevos formatos. Valioso intento por brindar una mirada más amplia y que evade la ejecución, siempre restrictiva, de solamente un ránking.

Las iniciativas de diálogo y los Festivales

Vemos así que estas tres miradas referidas confluyen en un punto: el auge del autor de teatro peruano, y que no coinciden en la idea del “boom”. Por nuestra parte, creemos que son muchos los factores que intervendrán para el “despegue” de nuestro teatro; como políticas públicas, el impulso de gobiernos locales, la continuidad de los programas de Artes Escénicas que impulsó la anterior gestión municipal, la formación profesional que produzca no solo actores o directores, sino también especialistas en artes escénicas, investigadores, para que el vacío ante la ausencia de crítica sea cada vez menor. La generación de espacios de diálogo es también importante, proyectos como Escuela de Espectadores son ejemplo de que ya empieza consolidarse el intercambio. Estos espacios se han dado también en Espacio Libre, que no solo genera un conversatorio después de cada función, sino que este año, en las celebraciones por sus 15 años como agrupación, generó su “Desde la otra orilla” – Conversatorios interdisciplinarios sobre teatro, encuentros que quedaron documentados en la página de Crítica teatral sanmarquina, a modo de crónica, por Christian Saldívar.

Los Festivales Internacionales tienen un lugar importante también, por permitir al espectador apreciar espectáculos de diversas partes del mundo y ampliar así su mirada, configurando, quizá, una mejor apreciación crítica. El FAEL, de no continuar, dejará un vacío difícil de colmar. El 2014 vinieron obras internacionales también, algunas en Casa Espacio Libre, siempre estableciendo diálogo y descentralizando su trabajo. También, bajo el marco del FISABES (Festival de Saberes Escénicos) llegaron obras como Gola (Naked), de Eslovenia; Alfonsina y los hombres, de Argentina, entre otras; y como parte del Festival Sala de Parto, Emilia, de Claudio Tolcachir y Helen Brown, De Trinidad Piriz y Daniel Marabolí, desde Argentina y Chile, respectivamente. El último festival mencionado tuvo como atractivo principal las lecturas dramatizadas de los ganadores de la convocatoria 2014, año durante el cual llevó a escena los textos seleccionados en la edición 2013, como Sobre Lobos, Katrina Kunetzova y el clítoris gigante y La Cautiva (absurdamente acusada hace unos días de apología al terrorismo). Este año continuará con la producción de otros textos de esa primera edición, como El análisis, de Franco Iza y 10’000, de Giuseppe Albatrino. Teatro la Plaza, además, durante el 2014 realizó una serie de talleres en conjunción con la Municipalidad de la Victoria, impulsando así la formación en escritura dramática de un público diverso. Iniciativas elogiables todas, que dejan una sensación positiva. El año que pasó se llevó a cabo la XII edición del Festival de teatro peruano norteamericano, de la que resultó ganadora Killer Joe, de Tracy Letts, bajo la dirección de César Bravo. En este Festival se estrenó la obra Conrado y Lucrecia, de Alfredo Bushby, bajo la dirección de Christian Paredes, única obra de autor peruano presentada a concurso.

Las Iniciativas particulares

El 2014 “sacó” de su casa a Edgar Guillén, quien puso en escena La misa de Hécuba en la A.A.A.; salieron también de su casa los Yuyachkani, quienes montaron su repertorio en el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico, llegando así a otro público que incluso, quizá, no los conocía.

El Centro Cultural de la Universidad Católica celebró sus 20 años de vida con obras que homenajeaban al arte en todas sus dimensiones: la poesía, la música, la literatura, el cine y la pintura, todos de gran calidad –como suele pasar con los montajes del CCPUCP-. La sala de El Olivar inició el año con la tibia comedia Bésame mucho, escrita y dirigida por Ernesto Barraza; para cerrar con la ágil e interesante Power Off, creación colectiva con dramaturgia de Daniel Amaru Silva con la dirección de Renato Fernández. En esta sala se presentó también uno de los dramas más intensos del año: El camino a la Meca, bajo la dirección de Mikhail Page, quién también dirigió Hemingway, notable texto de Maritza Núñez, en la Plazuela de las Artes dentro del Programa de Residencia Pequeño Formato de la Municipalidad de Lima.

Las iniciativas privadas, desde asociaciones culturales o similares, destacan también; como Escena Contemporánea, con su Estrella negra (parte del denomiy Este hijo. Por su parte, Plan 9 brilló con La tiendita del horror; Ópalo repuso Las neurosis sexuales de nuestros padres, obra en la que Wendy Vásquez nos ofrece una interpretación sobrecogedora. En el Teatro Racional pudimos ver propuestas de creadores jóvenes; como Dubái, o de más experimentados como Nuestro propio mundo, de Claudia Sacha. Las escuelas de formación profesional expusieron sus trabajos, ya sea como institución –como la ENSAD- o a modo de mostrar el trabajo de sus egresados –como el Festival Saliendo de la Caja, de la PUCP-. Del mismo modo, Aranwa continúa creciendo, trayendo actores de reconocido prestigio, como a Augusto Mazzarelli para La Controversia de Valladolid, o montando textos peruanos, como En la calle del Espíritu Santo, de Celeste Viale. La Vale realizó un importante trabajo también. Los Premios de El Oficio Crítico –que tiene un espacio merecido y ya ganado entre la gente de teatro de nuestra ciudad- y ahora el de El Teatro de mi vida, de Alonso Chiri, sumados al ya conocido “Luces” y a la primera edición de los Premios AIBAL a las Artes Escénicas son alicientes importantes también.

Todo recuento será limitado, sin embargo, queremos que estas breves menciones funcionen no solo como un repaso, sino como un incentivo y una necesaria petición de continuidad, pues el trabajo escénico en nuestro país necesita de perspectiva de crecimiento y enriquecimiento. Hay variedad, más de un centenar de obras estrenadas y/o llevadas a escena durante el 2014. Hay un mejor panorama, pero ¿ha despegado el teatro peruano? Creemos que, si bien aún este no se da, vamos por buen camino. Financiamiento para creación/producción –como la del CCE que este año nos permitió ver Desde afuera, o las Residencias de la MML-, concursos, festivales, más salas, más público, sí; pero de la mano de investigación, valoración y mirada crítica. De la mano de la necesaria perspectiva histórica, situada en contexto, que nos permita mirar atrás para aprender, mejorar y consolidar lo que venga. Construir sobre lo ya cimentado. Mirada en perspectiva. Factores necesarios para un despegue del teatro peruano. El panorama es, pese a todo, positivo. Veamos qué nos trae el 2015.

[1] Publicación del viernes 26 de diciembre de 2014.

Katrina Kunetsova y el clítoris gigante

Dramaturgia y dirección: Patricia Romero

Asistencia de dirección: Andrea Fernández

Sala de Parto

Teatro de la Alianza Francesa

"Katrina Kunetsova y el clítoris gigante"
“Katrina Kunetsova y el clítoris gigante”

Precedida por una provocadora campaña en redes sociales que despertaba inmediatamente la curiosidad de quienes llegaban a la página de Katrina Kunetsova –sean, o no, aficionados al teatro- en donde, apelando a la primera persona, “Katrina” –una famosa actriz porno que decide anunciar su retiro del mundo del cine para adultos- manifestaba su voluntad de contar “su verdad” en una conferencia a la que invitaba a todos sus seguidores. Aquí, el pacto de ficción funcionó como un “anzuelo” ideal, pues difícilmente en facebook anuncios de ese tipo –sean reales o no- pasan desapercibidos. El referido pacto de ficción se relaciona, directamente –y de un modo estratégico- con la estructura del texto de Patricia Romero, seleccionado en la primera edición de Sala de Parto (2013), en el que Katrina “habla” directamente al público/lector “contando” su historia y revelandose así como una mujer sumida en una profunda soledad, llena de ternura, cuya alma había permanecido incólume ante las circunstancias de su vida. Kareen Spano logra ofrece una plausible interpretación de esta estrella pono checa, construyendo un personaje lleno de matices y trasladándonos –sin mayor apoyo en la escenografía, pues esta no logra (ni busca, al parecer) ubicar al espectador en algún espacio geográfico específico- a República Checa solo con su presencia escénica, descripción de climas, espacios y un cuidado y sostenido acento.

Katrina Kunetsova y el clítoris gigante es un texto con quiebres e inflexiones que implican, en casi todos los casos, la intervención de los personajes masculinos: en primera instancia, la ruptura con Jacobo “Todoterreno” (Gianni Chichizola); el encuentro/empatía/traición de Iván el Grande (Luis Baca); y la reaparición de Kosta Ivanovic (Sergio Paris). Adicionalmente a su necesidad de amor y aceptación, de compañía, de un “otro” que la complete, Katrina, creyente en milagros y señales del destino, cree ver que San Juan Nepomuceno –quien irrumpe brevemente en la puesta en escena, interpretado por Claudio Calmet- se le manifiesta mediante una malinterpretadas manchas en su ropa interior, síntomas de la enfermedad que originaría, con el tratamiento proporcionado por el doctor Svoboda (Hernán Romero) el crecimiento de su ya grande clítoris.

Consideramos que se trata de una obra que pretende construir, de modo realista -apelando al discurso de la primera persona, incluso a la estrategia de difusión en redes para despertar interés- un hecho que raya con lo absurdo y lo fantástico a nivel temático, pero tratado con un sutil humor, para hablar de la necesidad de afecto, de la devoción, de la dependencia y del amor a uno mismo, que Katrina parece descubrir en la obra. Un texto ingenioso y bien escrito. En escena, los actores acompañan con soltura a la protagonista; cada cual en el rol de acompañante/manipulador –salvo en el caso del doctor, cuya presencia funciona más como un guía-, con acciones que logran propiciar y sentar las bases para los cambios actitudinales de Katrina. Empero, pese a que sentimos que es un texto inteligente, coherente y elocuente, en la puesta en escena percibimos cierto agotamiento del tema, ya que la obra parecía regodearse en el hecho anecdótico/curioso, demorando, incluso, la llegada del final. Del mismo modo, la disposición de los muebles en escena no parecía aportar mucho, salvo a nivel decorativo (pensamos, específicamente, en el piano de cola arrinconado en un extremo del escenario), sin distinguir espacios de modo concreto, resultando a veces un factor distractor. La escenografía, sin embargo, contó con un ilustrativo detalle a nivel de fábula: la ropa interior de la protagonista “marcada” por San Juan, que la llenaba de orgullo y esperanza.

Katrina Kunetsova, penúltima obra de la edición 2013 de Sala de parto en ser estrenada (la última es La Cautiva, ganadora, de la cual nos ocuparemos en un texto siguiente), que devuelve a Kareen Spano a la escena teatral limeña, en un rol que interpreta de modo notable, resaltando la ternura e inocencia que contrastan con el ideal preconcebido de la actriz porno, para ir más allá del estereotipo y hablar del afecto, la realización personal y la necesidad de otro para la completitud.