Entre lo racional y lo irracional de “Números reales”

Dramaturgia: Rafael Dumett

Dirección: Diego López

Asistencia de dirección: María Fernanda Valera

viaexpresa – Colectivo teatral

“Yo quería dejar huella en ustedes. Una huella de validez universal, potente como una ley física. Una huella que los hiciera inmunes a mi propia muerte. Que los hiciera inmunes a la vida de toda esa gente de mierda que circula por la calle, cagada, frustrada, aferrada al orgullo de su propio dolor para poder sobrevivir. Yo quería que ustedes fueran diferentes.”

Damián

NUMEROS REALES 1
“Números reales”

Una familia de clase media/baja empieza a quebrarse desde dentro: Damián, el padre que ha perdido la razón está obsesionado con la ciencia, los números y con el universo; y en medio de su desvarío dice estar construyendo un telescopio. Su frágil estado mental lleva a la familia a no contar con una figura paterna clara, lo cual altera la dinámica interna y lleva a sus miembros a situaciones límite, e incluso a un asesinato. El texto de Dumett retrata aquella violencia que destruye las familias internamente, todo inmerso en el contexto de la crisis de inicios de los 90’s. Ante esto, la puesta de Diego López no puede ser más solvente, ya que apuesta por hacer legibles los conflictos por los que atraviesa cada personaje; además de no ahondar en el cúmulo de incógnitas que plantea -y deja sin resolver- el texto dramático, sino que enfatiza en aquello que hace tan contemporáneo a “Números reales”: la desintegración y la violencia.

Emanuel Soriano, Andrea Fernández, Leonardo Torres y Renato Rueda.
Emanuel Soriano, Andrea Fernández, Leonardo Torres y Renato Rueda.

Como mencionamos, se trata de una historia de desintegración del núcleo familiar, en el que Damián Cárdenas -quizá una de las mejores interpretaciones del montaje, con un más que sólido Leonardo Torres en la caracterización de ese padre desequilibrado- transita entre estar interesado en “conocer el universo” y estar perturbado por su ansia de “dejar huella”, que es lo que desencadena su mayor conflicto. Andrea Fernández, en el rol de Virginia de Cárdenas, es la madre que huye y evade la crisis familiar y que no enfrenta los abusos de un marido al que le “aguanta todo”. Rubén -rol que interpreta de modo convincente y certero Renato Rueda, a quien vimos también en “Laberinto de Monstruos”- es el hijo mayor en quien recae gran parte de la acción dramática, quien recibe mayor influencia del padre con el que termina enfrentándose; enfrentamiento del cual deviene el quiebre completo de la familia. Completa el núcleo Emanuel Soriano –”Crónica de una muerte anunciada”, “Libertinos”-, que adapta su tono de voz al de un adolescente quinceañero, como Jorge, el hijo menor; un niño prodigio de actitud centrada, que se ve inmiscuido en la anormalidad de su familia. Intervienen completando este sólido elenco Paul Ramírez, María Fernanda Valera, Henry Sotomayor, Jely Reátegui, Oscar Meza y Ricardo Ota.

Renato Rueda (Rubén) y Emanuel Soriano (Jorge).
Renato Rueda (Rubén) y Emanuel Soriano (Jorge).

Esta vez, apreciamos que el empleo del factor audiovisual aporta al montaje: las proyecciones permiten al espectador, en diversos momentos, ver lo que los personajes están viendo en el televisor -que es una vía de escape-; y en otros participar de lo que están imaginando. Empero, con respecto de esto último, nos parece -de modo particular- que pierde pertinencia en la escena en que Jorge le explica con claridad a Rubén la situación mental del padre. El hijo mayor, entonces, empieza a hablar como para sí mismo: “(…) pensaba que había una cámara gigante filmándolo todo…”, en esta escena la proyección del fluir mental de Rubén se convierte en un factor de distracción que le resta importancia al enunciado; además de ser una imposición que no permite que el espectador “imagine” lo que se dice. La iluminación y la música cumplen el rol de ambientar y generar espacios.  El desarrollo de “Números reales” transita entre lo racional e irracional de las acciones que pueden ejecutar los seres humanos, sin saber necesariamente por qué las realizan o qué consecuencias traerán consigo. Saludamos la iniciativa de Viaexpresa de llevar a escena textos tan importantes como este, un sólido montaje de una obra que pese al paso del tiempo sigue sintiéndose contemporáneo y que retrata la violencia de la sociedad, presente en su principal núcleo y que nos permite pensar en cómo la ausencia de la figura paterna estable, en tiempos de crisis, puede ser determinante no solo a nivel de microestructura familiar, sino en la gran estructura que es la sociedad. Una de esas obras de la dramaturgia peruana que es potente e imprescindible.

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